En una operación relámpago de una intensidad sin precedentes, la Fuerza Aérea israelí lanzó 160 bombas en apenas 10 minutos contra objetivos estratégicos de Hezbolá en todo el Líbano. Esta acción, descrita como el mayor ataque concentrado desde la ofensiva contra los buscapersonas en 2024, desmanteló más de 100 centros de mando, sedes de inteligencia y plataformas de lanzamiento de misiles en Beirut, el Valle de la Bekaa y el sur del país.
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— UHN Plus (@UHN_Plus) April 8, 2026
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) completaron su mayor ataque coordinado contra Hezbolá desde el inicio de la Operación Rugido del León. En un lapso de apenas 10 minutos, la Fuerza Aérea israelí lanzó más de 150 bombas de forma simultánea, golpeando más… pic.twitter.com/SKGdGp4zpM
La contundencia del ataque envía un mensaje inequívoco a la región: el alto el fuego de 14 días acordado entre Estados Unidos e Irán no incluye a los grupos terroristas que actúan como brazos ejecutores de Teherán. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, aseguró que las fuerzas de defensa continuarán atacando "con determinación" y sin descanso para garantizar la seguridad de los ciudadanos israelíes. Para Jerusalén, la tregua con el régimen de los ayatolás es un frente separado de la misión de erradicar a la milicia chií de sus fronteras.
"No pondremos en peligro la seguridad de los residentes del norte de Israel. Continuaremos atacando con determinación y agotaremos todas las oportunidades para hacerlo", sentenció Eyal Zamir tras la exitosa operación.
El objetivo de la incursión fue desarticular las capacidades de élite de Hezbolá, golpeando directamente a la Fuerza Radwan y su unidad aérea 127. El ministro de Defensa, Israel Katz, subrayó que este golpe es solo el preludio del destino que le aguarda a la cúpula terrorista, lanzando una advertencia directa a su líder, Naim Qassem. La postura de Israel se mantiene sobre que quien ataque en nombre de Irán pagará un precio devastador, y el liderazgo de la milicia tiene los días contados.

Por su parte, el Gobierno libanés, incapaz de controlar la presencia de los grupos proiraníes en su territorio, ha denunciado la magnitud del ataque en áreas que Hezbolá utiliza como escudos humanos. El primer ministro, Nawaf Salam, lamentó la expansión de la ofensiva mientras la comunidad internacional celebra el acuerdo con Irán. Sin embargo, para los analistas de seguridad, el uso de zonas densamente pobladas por parte de Hezbolá para ocultar su infraestructura militar es la verdadera causa del riesgo para la población civil libanesa.
"Advertimos a Naim Qassem de que Hezbolá pagaría un precio muy alto por atacar a Israel en nombre de Irán, y a él también le llegará su turno", advirtió el ministro Israel Katz, reafirmando la política de eliminación selectiva de cabecillas terroristas.
La comunidad internacional observa con atención cómo Israel aprovecha la ventana diplomática con Teherán para centrar toda su potencia de fuego en la neutralización de la amenaza en Líbano. Mientras el presidente libanés, Joseph Aoun, clama por una desescalada, el Ejército hebreo mantiene su compromiso con la erradicación total del terrorismo chií que ha asediado el norte de Israel durante décadas.