Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) proyectan que la ofensiva conjunta con Estados Unidos, iniciada el pasado 28 de febrero, podría extenderse entre tres y seis semanas adicionales. Según el general de brigada Effie Defrin, los planes operativos están coordinados para alcanzar metas específicas antes de la Pascua judía en abril, aunque subrayó que no trabajan bajo un cronómetro rígido, sino hasta cumplir sus objetivos militares.
Desde el inicio del conflicto, la Fuerza Aérea israelí ha ejecutado cerca de 400 oleadas de ataques concentrados en el oeste y centro de Irán. Estas operaciones han priorizado el desmantelamiento de infraestructuras críticas y la destrucción de centros de producción de armamento. Defrin señaló que la magnitud de la campaña actual ha forzado a Hezbolá a intervenir desde el Líbano, a diferencia de su postura neutral en conflictos previos.

Por su parte, el presidente Donald Trump manifestó que, aunque Irán muestra interés en negociar, las condiciones actuales "no son lo suficientemente buenas" para un acuerdo. Washington exige un compromiso absoluto de Teherán para abandonar sus ambiciones nucleares antes de considerar un cese al fuego. La presión se mantendrá mediante el bombardeo sistemático de unidades de defensa y producción que aún permanecen operativas en suelo iraní.
La inteligencia israelí sostiene que la destrucción de la capacidad de respuesta del régimen es fundamental para la estabilidad regional a largo plazo. Mientras los ataques continúan, las fuerzas aliadas evalúan constantemente la efectividad de las misiones para ajustar los planes que podrían prolongar la guerra hasta mediados de mayo. La prioridad inmediata sigue siendo neutralizar los arsenales de misiles que representan una amenaza directa para Israel y sus aliados en el Golfo.