Japón confirmó que dispone de reservas de petróleo suficientes para cubrir la demanda nacional durante aproximadamente ocho meses. La primera ministra, Sanae Takaichi, transmitió tranquilidad ante la inestabilidad en los mercados energéticos globales. El anuncio surge tras las amenazas del estado terrorista de Irán de bloquear el tránsito comercial en el estrecho de Ormuz.

La mandataria explicó que el gobierno avanza en la adquisición de suministros alternativos en cooperación con el sector privado. Japón ha intensificado contactos con Estados Unidos, Asia Central y América Latina para diversificar sus fuentes de crudo. Actualmente, el país asiático importa cerca del 90% de su petróleo de la región de Oriente Medio.
"Japón cuenta con aproximadamente ocho meses de reservas y la adquisición de suministros alternativos avanza de manera constante".
Takaichi destacó la reciente llegada de un petrolero que logró completar su ruta sin transitar por el estrecho de Ormuz. Esta maniobra logística es parte de las contramedidas adoptadas para mitigar los riesgos del conflicto entre Irán e Israel. La previsión oficial incluye el arribo de nuevos cargamentos bajo protocolos de seguridad reforzados.
Aunque reconoció "cuellos de botella" en la distribución interna, aseguró que se están abordando con celeridad. El plan incluye la venta directa de combustible a sectores prioritarios para evitar parálisis operativas. Entre las instituciones beneficiadas se encuentran hospitales y sistemas de transporte público de alta necesidad.
El gobierno ya ha resuelto casos específicos de escasez de fuelóleo en instalaciones críticas y empresas estratégicas. Takaichi garantizó que no se prevén interrupciones en el suministro de bienes esenciales ni en productos médicos. La prioridad del Ejecutivo es blindar la seguridad energética nacional frente a la volatilidad internacional.
La administración reiteró que el país está preparado para enfrentar una crisis prolongada si las hostilidades no cesan. La diversificación hacia proveedores en Canadá y Singapur busca reducir la vulnerabilidad histórica de Japón en el Golfo Pérsico. Tokio demuestra así su capacidad de reacción ante las tácticas de sabotaje comercial del régimen persa.