JD Vance, vicepresidente de los Estados Unidos y aliado de la administración Trump, acusó a los funcionarios de la Unión Europea de ejecutar el peor ejemplo de intervención extranjera. Durante su visita a Budapest, subrayó que estos ataques ocurren porque el liderazgo de Viktor Orbán incomoda a las élites. La Casa Blanca reafirmó su apoyo al mandatario magiar como un socio estratégico fundamental.

El respaldo estadounidense llega a pocos días de los comicios del 12 de abril, donde Orbán busca revalidar su mandato. Vance confía en la victoria del gobierno frente a la coalición opositora de Péter Magyar. El vicepresidente insistió en que la autodeterminación de los pueblos debe prevalecer sobre las presiones de los organismos supranacionales de Bruselas.
“Lo que ha sucedido en este país es el peor ejemplo de la intervención extranjera que he oído o leído jamás”.
Viktor Orbán agradeció el compromiso de Washington con la seguridad de Hungría y su visión compartida sobre la paz global. El líder húngaro sostuvo que, bajo una presidencia de Trump en 2022, el conflicto en Ucrania se habría evitado. Hungría mantiene su postura firme de no enviar armamento a Kiev, priorizando la estabilidad y sus intereses nacionales.
Budapest es hoy el epicentro de la resistencia conservadora con visitas de figuras como Javier Milei y Santiago Abascal. Estos líderes admiran el modelo de Orbán por defender los valores tradicionales y fronteras seguras. Esta tarde, el mandatario húngaro y Vance participarán en un mitin masivo para cerrar la campaña electoral antes del domingo.
“Si Bruselas no lo hubiese imposibilitado, ya podría haber paz en Ucrania”.
Pese a que sondeos opositores intentan mostrar ventaja para el partido Tisza, el oficialismo confía en su capacidad de movilización. El gobierno denuncia que estas encuestas son parte de una campaña de desinformación extranjera. La relación entre EE. UU. y Hungría se perfila como un eje clave contra la agenda progresista europea.
La administración de Washington aseguró que el triunfo de Orbán es el escenario más probable y deseado para la región. La soberanía nacional y la identidad europea marcan el cierre de esta contienda política decisiva