En un golpe de autoridad contra la ingeniería social de la administración anterior, el Gobierno de Donald Trump ha iniciado la rescisión de la regla de 2022 que exigía a los padres adoptivos apoyar transiciones de género en menores. Esta normativa, impuesta bajo el mandato de Joe Biden, obligaba a los estados a garantizar "colocaciones designadas" que afirmaran identidades LGBTQ+, lo que en la práctica funcionaba como un filtro ideológico contra las familias conservadoras. Según el HHS, esta imposición no solo excedía la autoridad legal del departamento, sino que atentaba directamente contra la libertad religiosa protegida por la Constitución.
La decisión busca revertir la crisis de falta de hogares de acogida en los Estados Unidos, donde el número de familias voluntarias ha caído a niveles críticos. Alex Adams, secretario adjunto de la Administración para Niños y Familias (ACF), señaló que la regla de la era Biden envió un "mensaje equivocado" a las organizaciones basadas en la fe, que son históricamente las más dispuestas a abrir sus hogares. Al eliminar estas exigencias progresistas, la Administración Trump busca desplegar la "alfombra roja" para que miles de ciudadanos con convicciones morales sinceras regresen al sistema de bienestar infantil sin miedo a ser discriminados.
"Podemos hacerlo mejor y debemos hacerlo mejor. El mensaje que estamos tratando de enviar es que vamos a extender la alfombra roja para todos. Necesitamos más hogares de acogida", afirmó Adams, destacando que la estabilidad del niño es la prioridad absoluta.
La firmeza de la nueva Administración se ha hecho sentir en los 50 estados a través de cartas de advertencia enviadas por la ACF. El gobierno federal ha notificado que los estados no pueden retirar a niños de hogares de acogida basándose únicamente en que los padres se nieguen a apoyar la "autoidentificación" de un menor como el sexo opuesto. La Administración ha sido tajante sobre esto y mantuvo que si un estado considera que tratar a un niño según su sexo biológico constituye "abuso o negligencia", se arriesga a perder millones de dólares en fondos federales para el bienestar infantil.
El sistema de acogida debe centrarse en proveer un entorno seguro y amoroso, no en funcionar como un proyector de ideologías de género que confunden a los más vulnerables. Al modernizar el sistema y fortalecer las alianzas con comunidades religiosas, el Presidente Trump cumple su promesa de devolver el sentido común a las instituciones públicas y proteger el derecho inalienable de los padres a criar a sus hijos bajo sus propios valores.
🇺🇸‼️ | La Administración Trump ha revocado oficialmente la norma de la era Biden que obligaba a los padres de crianza a demostrar su apoyo a la transición de género de los menores. Bajo la nueva directriz del Departamento de Salud (HHS), se anula el requisito de 2022 que imponía… pic.twitter.com/zTq4aoS3kd
— UHN Plus (@UHN_Plus) March 18, 2026
El respaldo a esta decisión también proviene del ámbito médico y ético. Recientemente, los obispos de los EE. UU. prohibieron explícitamente las intervenciones quirúrgicas o químicas de transición de género en sus centros de salud, argumentando que tales prácticas dañan la unidad de cuerpo y alma del ser humano. Este consenso refuerza la postura de la Administración Trump de que la atención al menor debe ser personalizada y realista, evitando tratamientos irreversibles que a menudo son impulsados por presiones políticas en lugar de necesidades clínicas objetivas.
Con la eliminación de esta regla, la Administración Trump cierra la puerta a la discriminación por motivos de fe y la abre a la esperanza para miles de niños. Mientras los grupos de presión radicales critican la medida, las familias patriotas de toda la nación celebran que el Estado finalmente reconozca que un hogar basado en el amor y los valores tradicionales es el mejor refugio para un niño necesitado.