Un estudio publicado en la revista Acta Paediatrica ha desmontado el principal dogma de la ideología de género. Tras analizar a 2.100 jóvenes finlandeses que acudieron a unidades de género entre 1996 y 2019, los investigadores confirmaron que los problemas mentales aumentaron drásticamente tras la transición. En los varones que se identifican como mujeres, la incidencia de problemas psiquiátricos pasó del 9,8% al 60,7%, mientras que en las mujeres trans el aumento fue del 21,6% al 54,5%.
Los hallazgos apuntan a que la adopción de una identidad transgénero funciona a menudo como un "mecanismo de afrontamiento desadaptativo" para problemas psicológicos subyacentes. Según el estudio, la disforia de género suele ser secundaria a traumas previos, y no una condición biológica innata. Los datos reflejan que los jóvenes en estos procesos utilizan servicios psiquiátricos especializados hasta cinco veces más que la población general de su misma edad, evidenciando que la cirugía y las hormonas no eliminan el malestar.
“La transición médica es desaconsejable y nadie puede ya defender su adecuación si no es por motivos ideológicos o políticos”, afirma el psicólogo José Errasti, coautor de Nadie nace en un cuerpo equivocado.
La asociación Amanda, que agrupa a madres de jóvenes con disforia de inicio rápido, respalda estas conclusiones con una macroencuesta nacional. El 77% de los menores que se declaran trans sufren en realidad traumas por abusos, acoso escolar (bullying), divorcios o duelos familiares. Estos factores sociales y psicológicos son los que estarían impulsando el auge exponencial de casos, y no una supuesta identidad de género nacida en un "cuerpo equivocado".
En la misma línea, una investigación publicada en The Journal of Sexual Medicine sostiene que quienes se someten a cirugías de cambio de sexo sufren un riesgo de depresión 2,2 veces mayor en hombres y 1,5 veces en mujeres. El riesgo de ansiedad se multiplica hasta por 4,88 en determinados grupos tras la intervención. El estudio también asocia estos procedimientos con un incremento significativo en el consumo de sustancias e ideación suicida, contradiciendo la tesis de que la cirugía salva vidas.
“Los hallazgos apuntalan la tesis de que, para algunos adolescentes, la disforia de género puede ser consecuencia de problemas psicológicos más profundos”, señalan los autores del estudio finlandés respecto al impacto negativo de la transición médica.
El informe Cass, realizado en el Reino Unido tras analizar más de 113.000 casos, ya determinó que el aumento de menores trans tiene un origen eminentemente psicológico y social. Muchos de estos jóvenes padecen en realidad autismo, trastornos alimentarios o ansiedad. El informe concluyó que un acompañamiento psicológico correcto permitiría detectar estas causas sin necesidad de derivar a los menores hacia procesos irreversibles de hormonación y mutilación quirúrgica.
Expertos como José Errasti denuncian que la "terapia afirmativa" se ha convertido en un arma electoral que ignora la evidencia científica acumulada en las últimas décadas. La insistencia en mantener estos protocolos en el sistema de salud responde, según los críticos, a intereses políticos que priorizan la agenda ideológica sobre la salud mental de los jóvenes. Los investigadores insisten en que la transición médica no resuelve las necesidades psiquiátricas de los pacientes, las cuales persisten o empeoran tras el seguimiento.
“Si no fuera un arma para conseguir votos, ante la abundante evidencia científica, el tema estaría resuelto y la transición médica se habría eliminado de todos los países”, concluye Errasti sobre la persistencia de estas prácticas en la sanidad pública.
Este cúmulo de evidencias científicas internacionales pone en entredicho las leyes de autodeterminación de género que permiten el acceso a tratamientos farmacológicos en edades tempranas. Los datos de Finlandia, Reino Unido y Estados Unidos convergen en una misma realidad: la salud mental de las personas trans no mejora con el bisturí ni con las hormonas. La comunidad médica empieza a exigir un retorno a la psicología clínica tradicional frente al avance de la experimentación ideológica con menores.