La agencia antidrogas (DEA) confirmó la captura de Sebastián Marset en Santa Cruz de la Sierra, calificándolo como uno de los criminales más peligrosos de Sudamérica. Tras su detención, el capo fue entregado a agentes estadounidenses para ser procesado por liderar una red internacional de gran escala.
El administrador de la DEA, Terrance Cole, celebró el resultado tras meses de seguimiento y cooperación. "La búsqueda ha terminado. Marset se enfrentará a la justicia en Estados Unidos por los crímenes que se le imputan", declaró, enfatizando que esta captura representa un avance decisivo en la lucha contra las organizaciones criminales transnacionales que operan en la región.

Por su parte, el ministro del Interior de Uruguay, Carlos Negro, resaltó el valor de la inteligencia compartida durante el operativo. "El intercambio de información fue clave para dar con el paradero del narcotraficante", afirmó el jerarca, quien también hizo un llamado a la prudencia ante posibles represalias de otras bandas que intentarán suplir el liderazgo vacante.
La operación, enmarcada en el bloque "Escudo de las Américas", permitió la confiscación de bienes y aeronaves valorados en más de 15 millones de dólares. El Gobierno boliviano destacó la limpieza de la acción policial, que logró desmantelar la base operativa del fugitivo sin registrar bajas ni enfrentamientos civiles de consideración en Santa Cruz.
Marset, quien se hizo pasar por futbolista profesional para lavar su imagen, enfrentará un juicio federal en el Distrito Este de Virginia por conspiración para la importación de cocaína. La acusación formal sostiene que el uruguayo no solo movilizaba droga hacia Europa, sino que utilizó el sistema financiero estadounidense para blanquear millones de dólares, consolidando una estructura criminal difícil de rastrear.
La caída del capo pone bajo la lupa a otros grupos criminales que, según informes de inteligencia, podrían iniciar disputas territoriales ante el vacío de poder. Ante este escenario, las autoridades regionales mantienen el estado de alerta para evitar que la fragmentación de la organización de Marset desate una ola de violencia similar a la vista en otras ciudades del continente.