La dependencia energética eleva el precio del gas en Europa frente a la estabilidad de EE. UU.
La vulnerabilidad energética de la Unión Europea ha quedado expuesta ante la crisis en el golfo Pérsico, obligando al mercado continental a pagar el doble por el gas natural en menos de un mes. Esta diferencia responde a la autosuficiencia de Estados Unidos, que cubre el 90 % de su demanda con producción nacional de fracking, frente a una Europa que depende críticamente de importaciones globales tensionadas.
El precio del gas en el mercado TTF de Países Bajos saltó de 31,6 a casi 61 euros por megavatio hora tras los ataques en el yacimiento iraní de South Pars. En contraste, los precios en el Henry Hub estadounidense solo escalaron de 2,9 a 3,2 dólares por millón de BTU. Esta estabilidad norteamericana se debe a su capacidad de extracción interna.

Estados Unidos es el primer productor mundial de gas natural gracias a la técnica del fracking en cuencas como Texas y Pensilvania. Según la EIA, la producción nacional alcanzará niveles récord de 120.800 millones de pies cúbicos diarios en 2026. Esta infraestructura permite que el país esté menos expuesto a los vaivenes del mercado internacional y conflictos geopolíticos.
La UE depende ahora en un 31 % de Noruega y en un 25 % de Estados Unidos tras reducir el suministro ruso. El 50 % de la energía llega mediante barcos en forma de gas natural licuado (GNL), una modalidad más costosa que los gasoductos. Esto somete al continente a la volatilidad de las rutas marítimas y a la disponibilidad de buques.
Aunque las compras a Catar solo suponen el 4 % del total europeo, el precio sube por la caída de la oferta global. La UE debe competir con los consumidores asiáticos por los cargamentos de GNL disponibles en un mercado tensionado. Esta competencia eleva la prima de riesgo y el coste final para la industria y los hogares europeos.
El bloqueo parcial en el estrecho de Ormuz ha generado una asfixia energética que penaliza a las economías sin recursos propios. Estados Unidos evita esta volatilidad al contar con una base extractiva robusta que asegura su frente interno. Europa, en cambio, permanece a merced de la logística marítima y de crisis en regiones productoras fuera de su control.