En marzo de 2025 Pedro Sánchez presumía de un "récord histórico" de confianza internacional pero actualmente el Ejecutivo confirma que el "imán" de los fondos europeos ha dejado de funcionar. Mientras la inversión global en las economías avanzadas creció un 5%, España se desmarca negativamente con una caída que en términos netos (descontando desinversiones) alcanza el 10%. Los expertos señalan que el descontrol en la gestión del poder, con episodios de asalto a la gobernanza de empresas estratégicas como Indra, ha levantado un muro de cautela entre los grandes fondos internacionales.
Pese a los constantes gestos de acercamiento del gobierno hacia el régimen socialista de Xi Jinping, la inversión procedente de China en 2025 fue de apenas 643 millones de euros. Por el contrario, los Estados Unidos de Donald Trump se consolidaron como el principal motor de la economía española con 10.000 millones de euros, una cifra quince veces superior a la china. Los gigantes tecnológicos estadounidenses, atraídos por el potencial de la energía barata para sus centros de datos, siguen siendo el verdadero sostén de la inversión frente a las promesas vacías del bloque oriental.
“La diferencia de peso entre las empresas estadounidenses y las chinas en la cuarta economía del euro es sideral. El gobierno debería tenerlo en cuenta en su política exterior en lugar de generar inseguridad jurídica con sus socios naturales”, señalan analistas económicos al valorar el liderazgo de EE. UU. frente al séptimo puesto de China.
En el mapa autonómico, el éxito de las políticas de libertad económica vuelve a quedar de manifiesto. La Comunidad de Madrid, liderada por el Partido Popular, sigue siendo el refugio preferido del capital extranjero, acaparando 16.000 millones de euros, más de la mitad del total nacional. Por el contrario, Cataluña, bajo el gobierno de Salvador Illa, no logra recuperar el terreno perdido frente a Madrid y siente ya el aliento de Aragón, que se ha encaramado al tercer puesto gracias a su agresiva oferta de suelo y energía para centros de datos. Es especialmente sangrante el caso del País Vasco, que por primera vez desaparece del "top 5" de regiones receptoras de inversión pese a su privilegiado régimen foral.
Mientras el Gobierno de Sánchez se refugiaba en una nota "nostálgica" sobre el stock de 2024 para tapar el desastre de 2025, los datos brutos revelan que España ha perdido atractivo frente a sus competidores directos. La falta de unos Presupuestos Generales del Estado y la tendencia al intervencionismo estatal han provocado que los inversores internacionales busquen destinos más seguros y predecibles, lejos de la improvisación que emana de la Moncloa en cada consejo de administración donde intenta meter la mano.
Este año el balance para España es de menos inversión, más desconfianza y una dependencia absoluta de los fondos europeos que, por sí solos, se han demostrado incapaces de sustituir a la iniciativa privada. El modelo de Sánchez, basado en el gasto público y la presión sobre el sector privado, está pasando factura a la competitividad de la nación.