En una resolución que evidencia la fragilidad de la ley en suelo iraquí, la periodista Shelly Kittleson fue liberada esta tarde por la organización terrorista Kataib Hezbollah. Kittleson, de 49 años, había sido secuestrada violentamente el pasado 31 de marzo en una calle de Bagdad, en una operación grabada por cámaras de seguridad que mostró cómo fue forzada a subir a un vehículo tras un forcejeo. Tras días de silencio, la milicia vinculada al régimen de Teherán confirmó la entrega de la comunicadora, condicionando su libertad a que abandone el país de forma fulminante y definitiva.
Aunque el grupo armado intentó presentar la liberación como un gesto de "postura patriótica" hacia el primer ministro saliente, fuentes de seguridad confirmaron que el trasfondo fue un oscuro intercambio de favores. A cambio de la vida de la periodista, las autoridades de Bagdad habrían accedido a liberar a seis miembros de la milicia que se encontraban bajo custodia, la mayoría de ellos implicados en ataques directos contra instalaciones militares estadounidenses en la región. Este canje premia la táctica del secuestro y refuerza la impunidad de las milicias que operan por encima del Estado.
“Esta medida no se repetirá en el futuro. Estamos en una guerra declarada por el enemigo sionista-estadounidense contra el islam”, advirtió Kataib Hezbollah en un comunicado oficial, utilizando a la periodista como un trofeo de propaganda en su cruzada ideológica.
La administración de Donald Trump ha mantenido una postura de cautela extrema. El Departamento de Estado subrayó que Kittleson había sido advertida formalmente sobre los riesgos letales de ingresar a Irak sin las credenciales adecuadas y en medio de una escalada bélica regional. De hecho, la periodista había sido rechazada previamente en la frontera con Siria el 9 de marzo por falta de permisos de prensa, pero logró entrar días después con una visa de turista, ignorando las alertas de seguridad de Washington y del FBI.
El secuestro y posterior negociación han dejado al descubierto el control que ejercen estos grupos paramilitares en la capital iraquí. El operativo policial inicial, que terminó con el vuelco de uno de los vehículos de los captores, no fue suficiente para detener a la milicia, que logró ocultar a Kittleson durante una semana mientras dictaba los términos de su liberación desde la clandestinidad. El hecho de que el gobierno iraquí haya tenido que negociar con líderes ocultos por temor a represalias demuestra quién ostenta realmente el poder.