La Oficina Nacional de Investigación de Hungría (KR NNI) ejecutó la captura de un sujeto de 30 años en Budapest tras destaparse que operaba una monstruosa colección clandestina de restos humanos en su domicilio y en dependencias del centro médico donde ejercía funciones como celador. El arresto del pervertido criminal se materializó tras un aviso confidencial que alertó a las fuerzas del orden sobre el almacenamiento ilegal de partes de cadáveres, un macabro inventario que incluía cráneos, una pierna completa, una mano y una perturbadora reconstrucción de un rostro confeccionada con piel facial humana.

Durante el exhaustivo allanamiento de sus propiedades y vehículos, los agentes decomisaron maletas repletas de huesos y un corazón conservado en un frasco, además de diversos dispositivos electrónicos destinados a rastrear posibles nexos con el inframundo del tráfico de tejidos o foros de perversión en la red.
El espeluznante caso ha conmocionado a la opinión pública europea tras confirmarse, mediante las declaraciones oficiales de la policía húngara, que el detenido confesó sufrir una insana fijación hacia la anatomía y la patología, admitiendo además haber cocinado e ingerido partes de los cuerpos humanos robados para su propio consumo. Lejos de ocultar sus brutales hábitos de canibalismo, el celador declaró ante los investigadores que compartía con cinismo esta dantesca afición con su círculo más íntimo de familiares y amigos, a quienes exhibía fotografías explícitas de sus trofeos biológicos.
Los peritos forenses sospechan que el individuo profanaba de manera sistemática cementerios abandonados en los territorios de Hungría y Eslovaquia para desenterrar restos sepultados, complementando estas aberraciones con la disección de animales y el desvalijamiento de depósitos hospitalarios.

A pesar de la gravedad de las conductas confesadas por el sospechoso, el sistema judicial local dictaminó inicialmente su reclusión bajo un régimen de libertad condicional supervisada, mientras los expertos del laboratorio forense culminan los análisis científicos pertinentes sobre el origen humano o animal del corazón confiscado. Debido a que las pesquisas policiales preliminares no han arrojado indicios o sospechas directas de homicidio o asesinato, el curso de la acusación penal se concentrará de forma exclusiva en los delitos graves contra la salud pública, profanación de sepulturas y la utilización ilícita del cuerpo humano.
El rigor punitivo del Código Penal húngaro (Ley C de 2012, actualizada en julio de 2025) contempla castigos severos contra el tráfico y uso ilegal de cadáveres, tejidos o células mediante su Sección 175, la cual establece una base de tres años de cárcel para este tipo de conductas desviadas. No obstante, al haberse acreditado que el imputado era un empleado activo de un proveedor de servicios de salud y que utilizó su profesión de celador para acceder de forma fraudulenta a los restos orgánicos, la pena privativa de libertad se eleva de forma automática a un rango de uno a cinco años.
El marco legal del país centroeuropeo también faculta a los tribunales de Budapest para imputar cargos complementarios bajo la Sección 218, la cual castiga con hasta tres años de prisión a quien extraiga de forma arbitraria órganos o tejidos de pacientes fallecidos que hubieran dejado una prohibición expresa. De igual manera, las andanzas del caníbal en los camposantos de la región fronteriza configuran un delito grave de vandalismo y destrucción de tumbas estipulado en la Sección 371, el cual castiga la alteración de los sitios de entierro o monumentos conmemorativos con penas de hasta tres años de cárcel.
Mientras el equipo de expertos forenses avanza en la catalogación biológica del arsenal de huesos incautados en la maleta del imputado, las autoridades sanitarias de Hungría han anunciado auditorías de seguridad urgentes en las morgues de los hospitales estatales para corregir la alarmante vulnerabilidad que permitió al celador burlar los controles institucionales.
(Con información de Infobae)