Tras un mes de ofensiva ininterrumpida por parte de la coalición liderada por Estados Unidos e Israel para neutralizar el foco del terrorismo regional, los rebeldes hutíes de Yemen han decidido entrar formalmente en combate. El lanzamiento de una andanada de misiles balísticos contra "objetivos estratégicos" israelíes no es más que un intento por proyectar que aún tienen fuerzas para atacar a los aliados. Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) demostraron una vez más su superioridad tecnológica al interceptar los proyectiles sobre el Mar Rojo, dejando claro que el chantaje de los satélites de Irán no doblegará la determinación de las democracias libres.
"Tenemos los dedos listos en el gatillo para una intervención militar directa", amenazó Yahya Saree, portavoz de los hutíes, confirmando que Yemen se ha convertido en el nuevo patio trasero de la guerra de poder iniciada por Teherán.
En un acto de cobardía militar, drones y proyectiles iraníes impactaron en el aeropuerto internacional de Kuwait, dañando infraestructuras civiles de radar, y provocaron heridas a trabajadores extranjeros en Omán y los Emiratos Árabes Unidos. Estos ataques contra aliados estratégicos de Washington no son signos de fuerza, sino pruebas del colapso de un régimen que, al verse incapaz de frenar los bombardeos sobre sus propios centros de mando, opta por castigar a los vecinos que han apostado por la estabilidad y el orden regional bajo el paraguas de seguridad estadounidense.
"Irán está siendo diezmado. Quieren llegar a un acuerdo", sentenció el presidente Donald Trump el viernes, subrayando que la presión militar está surtiendo el efecto deseado a pesar de los intentos iraníes por diversificar los frentes de batalla.
Los hutíes pretenden utilizar la solidaridad con otros frentes para justificar la piratería de misiles que pone en riesgo la economía mundial. Con el estrecho de Ormuz de facto cerrado por la agresividad iraní, la pretensión de amenazar también el mar Rojo es un ataque directo al corazón del comercio global.
Mientras las FDI continúan desmantelando la infraestructura terrorista de Hezbolá en el Líbano y se reportan explosiones estratégicas en el corazón de Teherán, la expansión del conflicto hacia Yemen solo acelera el proceso de clarificación regional.