Los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por el Gobierno iraní, reivindicaron una serie de ataques con misiles balísticos y drones contra infraestructuras estratégicas de la petrolera estatal Aramco en las ciudades de Yanbu y Jizán, ubicadas en la costa del mar Rojo en Arabia Saudita. La ofensiva, confirmada por el portavoz militar insurgente Yahya Saree, se produce como represalia a los recientes bombardeos de la coalición liderada por Riad contra posiciones militares e infraestructuras en la provincia yemení de Hodeida, la isla de Kamaran y los frentes de Marib y Al Jawf.
El incremento de las hostilidades responde al bloqueo naval declarado por los insurgentes contra los buques y puertos saudíes en el mar Rojo, una maniobra que ha derivado en la interceptación de proyectiles por parte de los sistemas de defensa antiaérea del reino y en la activación de alarmas de emergencia en los centros urbanos cercanos a la frontera. El estrechamiento de las operaciones militares en el corredor de Bab el-Mandeb amenaza con paralizar un punto de tránsito crucial por el que circula cerca del 12% del comercio global y una cuarta parte del transporte marítimo de contenedores.

Esta reactivación del frente yemení coincide con una frágil tregua táctica en el estrecho de Ormuz, donde Irán reportó su primera jornada sin incursiones aéreas estadounidenses tras dos semanas consecutivas de bombardeos. A pesar del breve paréntesis en las operaciones de Washington, la Casa Blanca mantiene la presión estratégica sobre Teherán. Paralelamente, diplomáticos de Pakistán, Qatar e Irak mantienen gestiones triangulares para evitar un colapso definitivo de las negociaciones, en un contexto donde el canciller iraní, Abbas Araghchi, reiteró que Teherán no cederá ante la presión militar de Washington ni aceptará imposiciones en la mesa de diálogo.
(Con información de The Guardian, France 24 e Infobae)