La decisión de la OEA de nombrar a José Miguel Insulza para encabezar la misión de observación electoral en las presidenciales de Brasil causó un fuerte malestar en la administración estadounidense. El gobierno de Washington considera que la estrecha amistad entre el funcionario chileno y el presidente Lula da Silva compromete gravemente la imparcialidad de la misión.
La crucial contienda electoral enfrenta directamente al actual mandatario Lula da Silva contra el candidato opositor Flávio Bolsonaro. Por su parte, el presidente Donald Trump ha expresado abiertamente su respaldo al frente conservador en un esfuerzo estratégico por impulsar un cambio de rumbo político en toda la región.
Desde la diplomacia norteamericana tildaron la elección de Insulza como un error, recordando que el exsecretario de la OEA defendió públicamente a Lula durante las investigaciones del caso Lava Jato. Además, el diplomático chileno contó en 2005 con el respaldo directo del líder brasileño para asumir la conducción del organismo regional.
La Casa Blanca insiste en que la supervisión de un proceso tan trascendental exige estándares de absoluta neutralidad. La presencia de un aliado histórico del actual oficialismo brasileño genera profundas dudas y desconfianza en la oposición sobre la transparencia del arbitraje que realizará la delegación internacional.
El gobierno estadounidense pretendía que la misión estuviera liderada por un expresidente que no mantuviera compromisos ideológicos con ninguna de las partes. Ante esta situación, cualquier dictamen o informe que emita la OEA será observado con severo escepticismo por el sector conservador ante posibles irregularidades.
La controversia en torno al control de las urnas refleja la alta tensión geopolítica entre las administraciones de ambos países. La diplomacia de Estados Unidos mantendrá su exigencia de garantías electorales objetivas para asegurar la legitimidad de los resultados en las próximas elecciones.
Esta polémica decisión ha puesto en riesgo la credibilidad de la OEA a pocas semanas del inicio formal de la votación. La evolución del escenario político en Brasil continuará bajo la atenta mirada de la comunidad internacional debido a su enorme impacto en el balance de poder hemisférico.
(Con información de Infobae)