La teocracia iraní, experta en el arte de la desinformación y el secretismo, parece haber perdido el control de su propia narrativa. Según las informaciones filtradas por el diario kuwaití Al-Jarida y ratificadas por La Razón, el autoproclamado líder supremo, Mojtaba Jameneí, habría desaparecido de la escena pública tras sufrir heridas de gravedad. La sospecha principal es clara: el ayatolá no se encuentra en Irán, sino bajo la supuesta protección de Vladímir Putin en un palacio presidencial en Moscú, donde habría sido operado en condiciones de máxima reserva.
Este escenario alimenta la sospecha de que el régimen está gestionando una crisis de sucesión de forma encubierta. Mientras los canales oficiales insisten en una retórica belicista, la ausencia de una prueba de vida real, más allá de comunicados leídos por presentadores, sugiere que la cúpula iraní está operando en piloto automático. La sospecha de que su estado es crítico, con posibles amputaciones o daños orgánicos severos, cobra cada vez más fuerza.
"Nadie sabe nada sobre Mojtaba, si está vivo o muerto, ni cuán gravemente herido está. A todos nos dicen que está herido, pero nadie lo ha visto", señala una fuente interna citada en los informes, lo que refuerza la sospecha de que el régimen está ocultando una parálisis total en su cadena de mando.
La intervención del Kremlin en esta crisis añade una capa de duda sobre la soberanía de Teherán. La posibilidad de que Rusia haya facilitado un avión militar para evacuar al ayatolá no solo apunta a una dependencia extrema de Irán hacia Moscú, sino que convierte al líder iraní en una pieza más en el tablero geopolítico de Putin. Resulta sospechoso que un régimen que pregona su independencia frente a Occidente termine dependiendo de los quirófanos rusos para la supervivencia de su cúpula.
La Razón y los medios kuwaitíes han puesto el foco en la opacidad de los mandos militares iraníes, quienes admiten en voz baja no recibir órdenes directas desde hace días. Esta falta de mando efectivo, junto con la promesa de una venganza que sigue siendo pura palabrería, invita a sospechar que el "Líder Supremo" es hoy una figura decorativa.