El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ratificó con contundencia la continuidad de las operaciones militares en el sur de Líbano al advertir que sus tropas no abandonarán la región mientras persista la presencia armada de Hezbollah. Durante una sorpresiva y desafiante visita a los soldados desplegados en el frente libanés, el mandatario conservador condicionó cualquier salida gradual al desarme verificado de la organización extremista.
Acompañado por el ministro de Defensa, Israel Katz, el líder israelí vinculó los avances sobre el terreno con el reciente acuerdo marco firmado en Washington, describiendo la ofensiva como una bofetada histórica al régimen y al eje terrorista de Irán. Netanyahu fue tajante al ordenar a sus comandantes actuar sin ningún tipo de vacilación ni demoras burocráticas si identifican cualquier foco de peligro inminente contra la seguridad del Estado judío.

El plan estratégico contempla la consolidación definitiva de una zona de amortiguamiento de 10 kilómetros dentro de Líbano, una franja de seguridad indispensable para neutralizar los ataques con misiles contra las comunidades civiles israelíes.
La demoledora campaña militar de Israel, iniciada el pasado mes de marzo, ha logrado neutralizar a más de 9.000 combatientes de Hezbollah y desmantelar su compleja red de túneles subterráneos. Los reportes de inteligencia militar confirman que el arsenal del grupo proiraní ha sido reducido a un raquítico 8% de su capacidad original, conservando apenas 12.000 de los 150.000 proyectiles que amenazaban la soberanía hebrea.
El éxito de la incursión forzó a que Líbano reconozca formalmente al Estado de Israel en los borradores diplomáticos, aunque el pacto de cese de hostilidades del 19 de junio aún no detiene por completo los focos de resistencia del terrorismo islámico. Mientras el gobierno libanés se compromete sobre el papel a restablecer la soberanía, la cúpula de Hezbollah rechaza el desarme y sabotea las negociaciones bilaterales auspiciadas por la Casa Blanca.
La firmeza de Jerusalén desactiva los intentos de la dictadura teocrática de Irán por utilizar la tregua en Líbano como una moneda de cambio en sus negociaciones secretas con Washington para frenar el conflicto regional. El gobierno de Netanyahu ha rechazado de manera tajante cualquier vinculación entre la estabilización de su frontera norte y las conversaciones nucleares o geopolíticas que sostienen los ayatolás con Occidente.
Los intensos combates en la región han dejado un saldo de 32 soldados israelíes caídos en cumplimiento del deber, exponiendo el alto precio que paga la democracia de Israel para defenderse del asedio integrista. En la acera opuesta, el balance de daños en la infraestructura de Hezbollah deja en evidencia la contundencia de una respuesta militar que no se detendrá ante la propaganda victimista del arco chiíta. Las FDI continúan con las operaciones de limpieza en aldeas fronterizas, asegurando que cada instalación terrorista sea demolida de raíz para garantizar el retorno seguro de miles de desplazados israelíes a sus hogares.
(Con información de Infobae)