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Paraguay analiza incorporar energía nuclear para diversificar su matriz ante el crecimiento de la demanda eléctrica
Paraguay proyecta su futuro energético con un plan de energía nuclear — WangAnQi

Paraguay analiza incorporar energía nuclear para diversificar su matriz ante el crecimiento de la demanda eléctrica

El país estudia micro reactores y pequeños reactores modulares como alternativas de generación a largo plazo, mientras avanza en la cooperación nuclear civil con Estados Unidos y prepara el marco regulatorio necesario para una eventual adopción de esta tecnología

Paraguay comienza a explorar la energía nuclear como una posible nueva fuente de generación eléctrica ante el crecimiento previsto de la demanda y la necesidad de reducir su dependencia de las grandes centrales hidroeléctricas.

El país todavía no ha decidido construir ningún reactor. Sin embargo, ya analiza las condiciones técnicas, regulatorias, financieras y de formación profesional que serían necesarias para incorporar esta tecnología durante los próximos años, según explicó Jorge Molina Insfrán, ministro de la Autoridad Reguladora Radiológica y Nuclear (ARRN).

El interés paraguayo coincide además con una nueva etapa de cooperación con Estados Unidos en materia de energía nuclear con fines civiles, que podría facilitar en el futuro el acceso del país a tecnología, conocimiento especializado y equipamiento.

Para Paraguay, uno de los mayores productores hidroeléctricos del mundo en relación con su población, el debate representa un cambio significativo en la planificación energética: la abundancia hidroeléctrica continúa siendo una enorme ventaja, pero el Gobierno comienza a prepararse para un escenario en el que Itaipú y Yacyretá ya no sean suficientes para satisfacer por sí solas el crecimiento del consumo nacional.

La cooperación con Estados Unidos como primer paso

Paraguay ya dispone de experiencia con tecnologías relacionadas con la radiación, principalmente en el sector sanitario, donde se utilizan equipos de rayos X, tomografías y tratamientos de radioterapia.

La generación nuclear de electricidad, sin embargo, representa una dimensión completamente diferente y requiere infraestructura, profesionales, regulación y sistemas de seguridad específicos.

En este contexto, Paraguay ha dado un primer paso mediante un acuerdo de cooperación con Estados Unidos para el desarrollo de la energía nuclear con fines civiles. La cooperación también incluye cuestiones relacionadas con minerales nucleares, particularmente el uranio.

Jorge Molina Insfrán, ministro de la Autoridad Reguladora Radiológica y Nuclear

El siguiente objetivo, según Molina, será avanzar hacia un denominado Acuerdo 123 con Estados Unidos, instrumento necesario para determinadas formas de cooperación nuclear estadounidense.

“Una vez que tengamos ese acuerdo firmado, podremos obtener cualquier tipo de reactor”, explicó el titular de la ARRN.

La autoridad paraguaya participa desde hace más de un año en el proceso relacionado con FIRST, una iniciativa del Departamento de Estado estadounidense dirigida a países interesados en explorar programas nucleares civiles.

El programa ha permitido a Paraguay comenzar a estudiar qué supondría introducir esta tecnología desde el punto de vista regulatorio y operativo.

“Desde la ARRN hemos seguido esta iniciativa americana para entender qué significa, cuáles son los pasos a seguir desde el punto de vista regulatorio, cómo funciona la tecnología, sus riesgos, su seguridad, qué instalaciones hacen falta, cuál es el personal necesario y todos los aspectos que afectan a un reactor nuclear”, señaló Molina.

Paraguay quiere reducir su dependencia de las hidroeléctricas

La principal razón para estudiar nuevas tecnologías se encuentra en las perspectivas de crecimiento del consumo eléctrico.

La matriz paraguaya depende fundamentalmente de su extraordinaria capacidad hidroeléctrica, particularmente de la generación asociada a Itaipú y Yacyretá.

Pero esa disponibilidad no es ilimitada.

Según las proyecciones expuestas por Molina, alrededor de 2030 Paraguay podría llegar a utilizar toda la energía disponible procedente de sus actuales grandes infraestructuras hidroeléctricas.

“Necesitamos más fuentes de energía, por eso hablamos de la diversificación, no queremos depender solamente de las hidroeléctricas”, explicó.

El desafío obliga al país a estudiar simultáneamente diferentes alternativas.

Entre las posibilidades consideradas se encuentran la energía solar, centrales de gas mediante ciclos combinados, pequeñas hidroeléctricas y generación nuclear.

La intención no sería sustituir la capacidad hidroeléctrica que ha convertido a Paraguay en una potencia energética regional, sino complementarla con nuevas tecnologías capaces de acompañar el crecimiento económico y eléctrico durante las próximas décadas.

Hasta 500 MW adicionales cada año desde 2033

Las previsiones muestran la dimensión del desafío.

De acuerdo con Molina, los estudios realizados contemplan que Paraguay podría necesitar incorporar alrededor de 500 megavatios de nueva capacidad cada año a partir de 2033.

“Eso es casi una turbina por año que tenemos que incorporar a la matriz”, señaló.

Precisamente esa necesidad de crecimiento progresivo es una de las razones por las que las nuevas generaciones de reactores nucleares despiertan interés.

A diferencia de los enormes proyectos nucleares tradicionales, existen tecnologías diseñadas para incorporar capacidad de generación mediante unidades considerablemente más pequeñas.

Micro reactores y SMR aparecen entre las alternativas

Paraguay estudia especialmente dos categorías: los micro reactores nucleares y los pequeños reactores modulares, conocidos internacionalmente como SMR.

Los micro reactores pueden alcanzar capacidades de hasta aproximadamente 30 MW, mientras que los SMR analizados se sitúan entre 30 y 300 MW.

Su naturaleza modular permitiría incorporar unidades progresivamente según aumente la demanda, en lugar de construir inicialmente una central convencional de enormes dimensiones.

La generación nuclear ofrece además una característica especialmente atractiva para la planificación del sistema: puede producir electricidad continuamente durante largos periodos, independientemente de las condiciones meteorológicas.

Molina también destacó la longevidad potencial de estas instalaciones. Según explicó, un reactor puede diseñarse inicialmente para operar durante aproximadamente 60 años y, después de determinadas adecuaciones, prolongar su funcionamiento durante otros 40 años.

Esto convertiría una inversión nuclear en infraestructura energética capaz de prestar servicio durante varias generaciones.

La tecnología todavía está evolucionando

El interés paraguayo se produce precisamente mientras la industria nuclear internacional atraviesa una nueva etapa tecnológica.

Algunos modelos de pequeños reactores modulares se encuentran actualmente en diferentes fases de desarrollo y construcción internacional, mientras determinadas tecnologías de micro reactores todavía permanecen en etapas experimentales o de demostración.

Molina señaló que existen proyectos de SMR en construcción en Canadá cuya entrada en funcionamiento está prevista durante los próximos años, mientras los micro reactores continúan siendo probados en instalaciones estadounidenses.

Por esa razón, Paraguay no ha seleccionado todavía ninguna tecnología ni existe actualmente una decisión de construir un reactor.

El trabajo se concentra en comprender las alternativas disponibles y preparar al país institucionalmente en caso de que en el futuro se determine que la energía nuclear resulta conveniente.

El capital humano será uno de los mayores desafíos

Construir la infraestructura es solamente una parte del proceso.

Para Molina, formar a los profesionales capaces de operar, supervisar y regular instalaciones nucleares constituye uno de los desafíos más importantes y costosos.

“Lo más difícil y costoso, y al mismo tiempo lo más importante de una central nuclear, es el capital humano”, afirmó.

En caso de avanzar hacia reactores de mayor capacidad, Paraguay tendría que enviar ingenieros y especialistas al extranjero para recibir formación específica.

El proceso podría necesitar entre cuatro y cinco años, lo que obliga a desarrollar capacidades nacionales mucho antes de que una eventual central entre en funcionamiento.

La ARRN también tendría que fortalecer su estructura para ejercer su función fundamental: garantizar que cualquier instalación opere bajo estándares adecuados de seguridad nuclear y radiológica.

El sector privado podría participar en la generación nuclear

La eventual introducción de esta tecnología podría incluir también inversión privada.

Molina explicó que la ARRN trabaja junto con la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) en una propuesta normativa que podría permitir a empresas generar su propia electricidad utilizando tecnología nuclear, siempre bajo las condiciones de seguridad establecidas por el regulador.

El modelo podría contemplar incluso que las compañías vendan a la ANDE la electricidad excedente que no consuman en sus propias instalaciones.

Esta posibilidad coincide con los planes más amplios de Paraguay para abrir gradualmente determinados espacios de la generación eléctrica al capital privado.

La dimensión de las inversiones será determinante. Los reactores modulares de mayor capacidad pueden requerir inversiones de miles de millones de dólares, razón por la que los micro reactores aparecen como una posible alternativa inicial.

Molina considera que en un horizonte aproximado de una década podría producirse una incorporación progresiva.

“Yo creo que en 10 años ya estaríamos con una pequeña flota de micro reactores nucleares, en la que también nos va a ayudar el sector privado”, afirmó.

No obstante, se trata actualmente de una proyección y no de un calendario oficial de construcción.

Seguridad y confianza de la población

Cualquier programa nuclear paraguayo deberá superar también un desafío social: la percepción pública sobre esta tecnología.

Accidentes como Chernóbil y Fukushima dejaron una profunda huella en la opinión pública internacional y explican parte de la preocupación que continúa rodeando a la energía nuclear.

Por ello, Molina considera fundamental acompañar cualquier avance tecnológico con información transparente.

“La información al público es uno de los temas principales de la energía nuclear, para que no tengan miedo y se sientan seguros”, afirmó.

La ARRN tendría precisamente la responsabilidad de garantizar que cualquier instalación cumpla los requisitos técnicos y de seguridad establecidos antes de autorizar su funcionamiento.

Las nuevas tecnologías también podrían proporcionar mayor flexibilidad para seleccionar posibles ubicaciones. Según explicó Molina, algunos diseños modernos no necesitan necesariamente instalarse junto a grandes fuentes de agua, ampliando las posibilidades geográficas y reduciendo determinadas dependencias hídricas.

Una decisión energética para las próximas generaciones

El debate nuclear paraguayo se encuentra todavía en sus primeras etapas. No hay reactores aprobados ni una decisión definitiva sobre cuál será el papel de esta tecnología dentro de la futura matriz nacional.

Pero el comienzo de los estudios muestra que Paraguay ya está pensando en el escenario energético posterior al aprovechamiento pleno de su actual capacidad hidroeléctrica.

La combinación de crecimiento económico, industrialización y aumento del consumo obliga al país a planificar con años de anticipación las infraestructuras necesarias para garantizar el suministro.

Solar, gas, nuevas hidroeléctricas y nuclear aparecen dentro de una estrategia que pretende evitar depender exclusivamente de una sola tecnología.

En el caso nuclear, el camino será particularmente largo: acuerdos internacionales, legislación, regulación, financiación, selección tecnológica, formación profesional y aceptación ciudadana deberán avanzar antes de que pueda producirse el primer kilovatio.

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