La Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés) es el principal sostén del régimen iraní y la estructura que garantiza su supervivencia política, militar y económica. No es simplemente una fuerza armada más dentro del aparato estatal: es una institución creada para proteger la revolución islámica de 1979 y preservar el sistema teocrático que gobierna Irán desde hace más de cuatro décadas.
En el actual escenario de escalada tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en territorio iraní, la IRGC vuelve a ocupar el centro del análisis. Aunque se mencionen como blancos al líder supremo o a comandantes de alto rango, la estructura que sostiene al régimen es mucho más amplia y compleja.
Una fuerza creada para defender la revolución
La Guardia Revolucionaria nació en 1979, semanas después de la caída del Shah. Su misión fundacional no fue proteger al Estado iraní en términos convencionales, sino custodiar la revolución islámica y garantizar que no fuera revertida por amenazas internas o externas.

A diferencia del ejército regular, la IRGC responde directamente al líder supremo, lo que le otorga autonomía política e institucional. Esta subordinación directa la convierte en el instrumento más confiable del régimen y en el núcleo de su sistema de seguridad.
Un aparato militar paralelo
La IRGC cuenta con fuerzas terrestres, navales y aéreas propias, además de un servicio de inteligencia independiente. También controla el Basij, una milicia interna utilizada para el control social y la represión de protestas, especialmente durante episodios de descontento masivo.
En el plano internacional opera mediante la Fuerza Quds, su unidad especializada en acciones exteriores. Esta estructura ha sido clave en la proyección regional de Irán a través de alianzas y apoyo a actores armados en distintos países de Medio Oriente.

Se estima que la Guardia Revolucionaria reúne entre 150.000 y 190.000 efectivos, mientras que la Fuerza Quds estaría compuesta por varios miles de miembros seleccionados por su lealtad ideológica.
El poder económico que garantiza su autonomía
Tras la guerra con Irak en los años ochenta, el liderazgo iraní permitió a la IRGC expandirse al ámbito económico. Desde entonces, la organización ha desarrollado un amplio entramado empresarial que abarca sectores estratégicos como infraestructura, energía, construcción y telecomunicaciones.
A través de conglomerados como Khatam al-Anbiya, la Guardia participa en grandes proyectos estatales y controla áreas clave de la economía. Esta dimensión económica le proporciona recursos propios y reduce su dependencia del presupuesto gubernamental.

Esa autonomía financiera es uno de los factores que explican su resiliencia. La IRGC no solo es una fuerza armada: es también un actor económico con influencia estructural.
Proyección regional e influencia estratégica
La Fuerza Quds ha sido el instrumento mediante el cual Irán ha extendido su influencia en la región. Su estrategia se basa en operar a través de aliados y actores locales, lo que permite a Teherán proyectar poder y mantener cierto margen de negación sobre su implicación directa.
Aunque esa red ha sufrido golpes en los últimos años —incluida la muerte del general Qassem Soleimani en 2020— la estructura general permanece operativa.
¿Puede caer el régimen si cae su cúpula?
Uno de los interrogantes centrales tras los recientes ataques es si la eliminación de líderes clave implicaría automáticamente la caída del régimen. La experiencia sugiere que no.
La Guardia Revolucionaria no depende exclusivamente de una sola figura. Se trata de una institución con múltiples centros de poder —militar, económico, de inteligencia y paramilitar— que pueden reorganizarse ante vacíos de liderazgo.
Además, el sistema iraní ha previsto mecanismos de sucesión para garantizar la continuidad institucional en escenarios de crisis.
Resiliencia y control interno
Durante más de cuatro décadas, la IRGC ha sobrevivido a guerras, sanciones internacionales, asesinatos selectivos y protestas masivas. En cada episodio, ha demostrado capacidad de adaptación y cohesión interna.
Si logra mantenerse unida tras los recientes ataques, el régimen conservará su principal sostén. Si se produjera una fractura interna, el escenario podría tornarse imprevisible y generar una disputa de poder dentro del propio sistema.