Los rebeldes hutíes de Yemen (respaldados por el régimen islámico de Irán) lanzaron una descarga masiva de misiles balísticos y drones contra concentraciones de tropas depósitos de armas sauditas en la estratégica ciudad costera de Mokha, un puerto vital bajo control del Gobierno yemení reconocido internacionalmente.
Esta ofensiva terrestre ocurrió apenas unas horas después de que los hutíes ejecutaran un ataque con drones contra una refinería de la petrolera estatal Aramco en Jizán, al suroeste de Arabia Saudita. Aunque, el Ministerio de Energía saudita confirmó que el incendio posterior en las instalaciones fue sofocado de inmediato por los equipos de emergencia sin registrar víctimas mortales.

Portavoces militares de los hutíes, liderados por Yahya Saree, justificaron las acciones como una respuesta de represalia por supuestas incursiones aéreas sauditas sobre las provincias yemeníes de Hajjah y Saada. No obstante, el trasfondo operativo es de mayor calado: el grupo reafirmó su intención de imponer un bloqueo naval estricto en el estrecho de Bab el Mandeb, un paso por el que transita cerca del 12% del comercio mundial.
Esta escalada amenaza con dinamitar los frágiles equilibrios políticos de Yemen y arrastrar de nuevo al país a una fase de conflagración abierta. Autoridades del Gobierno yemení, entre ellas el subsecretario de Información Fayed al-Noman, advirtieron que la neutralización del puerto de Mokha busca estrangular las vías logísticas alternativas que evitan las zonas controladas por la insurgencia en Hodeida, sumiendo a las poblaciones locales en una vulnerabilidad extrema.
En paralelo al deterioro de la seguridad en el mar Rojo, la atención internacional se concentra en las complejas negociaciones indirectas que abordan el bloqueo del estrecho de Ormuz. Según fuentes diplomáticas, Irán y Omán han diseñado los borradores de un acuerdo parcial e interino para permitir el tráfico de buques a través de rutas segregadas cerca de las costas iraníes y omaníes sin el cobro de peajes, buscando restituir un plazo de 60 días para el diálogo en materia nuclear con Estados Unidos.
(Con información de DW, Reuters e Infobae)