El antiguo Palacio Legislativo de La Paz retiró el busto del socialista Evo Morales tras una resolución que busca desmantelar el caudillismo autoritario. La senadora Claudia Mallón afirmó que esta medida recupera la Asamblea como la "casa de la democracia". El recinto se reservará exclusivamente para los símbolos patrios, eliminando figuras que impusieron un culto personal durante su gestión.

La resolución, aprobada por dos tercios de la Cámara Alta, prohíbe que la escultura reingrese a cualquier espacio del Legislativo. El cambio de ciclo tras las elecciones de 2025 permitió que prosperen las demandas para limpiar las instituciones de sesgos ideológicos de izquierda. Esta acción concreta una exigencia social que denunciaba el adoctrinamiento y la personalización del Estado.
Este movimiento ocurre bajo el impulso de fuerzas democráticas que rechazan el modelo socialista y líderes como Manfred Reyes Villa. La decisión refleja el nuevo equilibrio de poder donde el partido de Morales perdió su hegemonía frente al gobierno de Rodrigo Paz. El fin del control total de los símbolos del Estado marca una ruptura con el régimen anterior.
Por su parte, Morales calificó la retirada como una "reverencia" a la reciente visita del rey Felipe VI. El exmandatario permanece refugiado en el Trópico de Cochabamba desde octubre de 2024 para evadir una orden de captura vigente. La fiscalía lo acusa de delitos graves de trata de personas y estupro vinculados a una relación con una menor.
La acusación formal se presentó en octubre y la justicia busca ahora fijar la fecha para el inicio del juicio contra el exlíder cocalero. Sin el blindaje político de antaño, Morales se encuentra vulnerable ante procesos judiciales por abusos de poder y crímenes de lesa humanidad. Su representación parlamentaria se ha desplomado, dejando al caudillo sin su habitual protección legal.
El retiro del busto simboliza el fin de una era de opacidad y control absoluto por parte del MAS. Para el actual gobierno, la prioridad es restaurar el respeto a las leyes y asegurar que ningún ciudadano esté por encima de la justicia. La eliminación de esta efigie confirma que los tiempos del "caudillo intocable" han terminado definitivamente en Bolivia.