Cinco potencias europeas y Japón han lanzado un mensaje de firmeza al régimen iraní, condenando el cierre de facto del estrecho de Ormuz. Estas naciones reconoce que la interferencia de Irán en las cadenas de suministro constituye una amenaza directa a la paz internacional y una violación flagrante de la resolución 2817 del Consejo de Seguridad de la ONU, que garantiza la libre navegación en aguas estratégicas.
Este giro diplomático representa una victoria ideológica para Washington. Durante semanas, el Presidente Donald Trump había instado a sus aliados europeos y asiáticos a formar una coalición naval decidida para escoltar cargueros y disuadir la agresión iraní. Aunque inicialmente estos países se negaron, apostando por una diplomacia tibia que solo envalentonó a Teherán, la realidad del desabastecimiento les ha obligado a capitular. Ahora, al borde de una crisis energética sin precedentes, estas naciones admiten implícitamente que la estrategia de "máxima presión" y seguridad activa propuesta por la Casa Blanca era la medida correcta desde el principio.
“La seguridad marítima y la libertad de navegación benefician a todos los países. Instamos a Irán a detener de inmediato la colocación de minas y los ataques con misiles”, sentencia el comunicado, subrayando que el bloqueo tendrá consecuencias globales devastadoras que solo una respuesta unificada puede mitigar.
Aunque el compromiso inicial se centra en la presión diplomática, la puerta a una intervención operativa de escolta ha quedado abierta. Francia y Alemania, que anteriormente habían descartado formalmente participar en la coalición naval estadounidense, sugieren ahora que están dispuestos a asumir la protección de buques civiles. Esta disposición es una respuesta lógica al fracaso del multilateralismo pasivo: el estrecho de Ormuz es el cuello de botella por el que transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de crudo, y dejarlo en manos de una teocracia agresiva es una negligencia que las potencias ya no pueden permitirse.
Los datos económicos del conflicto subrayan la urgencia de esta rectificación aliada. Desde el inicio del bloqueo iraní, el tráfico marítimo en la zona se ha desplomado entre un 70% y un 90%, provocando una escasez que amenaza con disparar los precios de forma permanente. El Banco Central Europeo ya ha emitido una advertencia severa: si el paso no se libera de inmediato bajo los términos de seguridad exigidos por los aliados, la inflación en la eurozona podría escalar hasta el 4,4% en 2026, destruyendo el poder adquisitivo de millones de familias en todo el continente.

La presión sobre Teherán se intensifica también en los mercados financieros. Los seis países firmantes han anunciado medidas para colaborar con otros países productores y aumentar la oferta energética global, buscando neutralizar el intento de Irán de utilizar el petróleo como arma de guerra. Con el barril de crudo bajo la amenaza de escalar hasta los 145 dólares en el segundo semestre de este año, la formación de una coalición naval de protección (la misma que Trump solicitó) parece la única salida viable para evitar un colapso financiero global y garantizar que la ley internacional prevalezca sobre el terrorismo de Estado.