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Sheinbaum, la cómplice de Cuba reafirma alianza de México con la dictadura

Mientras el pueblo cubano sobrevive en condiciones infrahumanas, la narcopresidente Claudia Sheinbaum se empeña en mantener a flote al régimen de Díaz-Canel, ignorando las denuncias de corrupción, apoyando la política que privilegia la afinidad ideológica sobre la libertad y la dignidad humana

Por UHN Plus
Sheinbaum, la cómplice de Cuba reafirma alianza de México con la dictadura
Presidente de México, Claudi Sheinbaum en el Palacio Nacional, Ciudad de México. 23 de febrero 2026. (Reuters/Raquel Cunha).

Este viernes, en un acto que desafía el sentido común y la decencia básica, la mandataria mexicana no solo ratificó su respaldo a la dictadura de Miguel Díaz-Canel, sino que anunció que su administración sigue buscando "alternativas comerciales" para proveer de petróleo a una isla sumida en la oscuridad. Mientras los cubanos pasan hasta 20 horas al día sin electricidad, carecen de medicamentos básicos y ven cómo la basura se apodera de sus calles, el gobierno de Sheinbaum elige ignorar el sufrimiento para alimentar la maquinaria de poder castrista.

La narrativa oficial de Sheinbaum, que se escuda en la supuesta "ayuda humanitaria", se cae a pedazos ante la realidad. Es un insulto a la inteligencia de los mexicanos afirmar que las donaciones enviadas no están siendo comercializadas por el régimen. Las denuncias de que estos insumos terminan en anaqueles estatales, vendidos en divisas extranjeras mientras la población muere de hambre, son ya un secreto a voces que la presidente mexicana prefiere tildar de falsedad. Al actuar como promotora de este régimen, Sheinbaum no ayuda al pueblo cubano; ayuda a quienes lo tienen secuestrado y silenciado.

Es incomprensible que México, bajo el mando de Sheinbaum, sacrifique su reputación y sus intereses estratégicos para sostener a un gobierno que, tras décadas de control totalitario, no tiene nada que ofrecer más que represión. La insistencia en buscar esquemas para evadir presiones internacionales y seguir enviando crudo es un acto de soberbia ideológica que poco tiene que ver con la tradición diplomática mexicana y mucho con el deseo de preservar una hermandad con el socialismo fracasado. El respaldo de Sheinbaum a la dictadura es, en última instancia, un desprecio hacia la libertad de los cubanos que se juegan la vida buscando una salida a la opresión.

La "ayuda solidaria" de la que tanto presume el Ejecutivo mexicano es en realidad un subsidio al autoritarismo. Mientras los hospitales en Cuba operan bajo mínimos por falta de suministros, Sheinbaum prioriza el bienestar de los jerarcas militares del Partido Comunista, asegurándose de que su infraestructura represiva no se detenga. Esta política no es un ejercicio de soberanía, como ella misma ha intentado justificar en múltiples ocasiones, sino una negligencia deliberada que coloca a México en el lado incorrecto de la historia.

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