La ciudad de Ángeles, un concurrido enclave comercial y turístico al norte de la capital filipina de Manila, se convirtió el domingo en el escenario de una catástrofe de infraestructura. Un edificio de varios pisos que se encontraba en fase avanzada de construcción se desplomó por completo hasta los cimientos antes del amanecer, sepultando a decenas de personas bajo una densa montaña de escombros.
De acuerdo con el reporte oficial de las brigadas de emergencia, el colapso causó de forma inmediata la muerte de un ciudadano malasio de 65 años e hirió a otro huésped, mientras que al menos 21 personas (en su gran mayoría obreros de la construcción) permanecen desaparecidas o atrapadas bajo las losas.

El siniestro se registró aproximadamente a las 2:30 de la madrugada en un barrio densamente poblado y conocido por albergar spas, hostales económicos y locales nocturnos, adyacente a la antigua base de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.
El desplome sorprendió a gran parte de las cuadrillas de operarios mientras dormían en las instalaciones de la planta baja tras una jornada de intensas lluvias y ráfagas de viento. Pese al caos inicial, cerca de 24 trabajadores consiguieron huir por sus propios medios o fueron rescatados de entre las rendijas de la estructura colapsada durante las primeras horas de la mañana por los vecinos de la zona francas de Clark.
El despliegue en la Zona Franca de Clark abarca a más de 700 especialistas de salvamento, bomberos y unos 200 efectivos de la Policía Nacional de Filipinas liderados por el general de brigada Jess Mendez. Las cuadrillas emplean maquinaria pesada, dispositivos de detección de latidos cardíacos y unidades caninas entrenadas para avanzar entre el concreto y las barras de hierro dobladas.

Los rescatistas lograron establecer comunicación auditiva con dos operarios atrapados que permanecen con vida bajo el andamiaje de aluminio, pero el desescombro se ejecuta con extrema cautela debido al riesgo inminente de nuevos derrumbes secundarios que comprometan la integridad de los hostales vecinos.
El drama humano se concentra en los perímetros de seguridad, donde decenas de familiares lloran y esperan noticias de sus allegados. Entre las historias que estremecen a la comunidad local figura la de los padres de Joamel Angcao, una estudiante de 18 años, quienes operaban un carrito ambulante de comida y café junto a la fachada del complejo en el momento en que la estructura se vino abajo.
Asimismo, fontaneros y técnicos que se encontraban fuera de servicio regresaron voluntariamente a la zona para dibujar mapas improvisados del interior del apartahotel, guiando a las brigadas hacia los puntos exactos donde solían descansar sus compañeros.
(Con información de Associated Press y Reuters)