Este lunes el presidente Donald Trump, a través de su plataforma Truth Social, ha lanzado un ultimátum definitivo al régimen de Teherán: o se alcanza un acuerdo de paz "en breve" y se desbloquea el Estrecho de Ormuz, o Estados Unidos procederá a la destrucción total de la infraestructura energética e hídrica de Irán. La amenaza incluye objetivos específicos como la isla de Kharg (el pulmón de las exportaciones petroleras iraníes), pozos de crudo, plantas generadoras de electricidad y desalinizadoras. Según Trump, estas instalaciones han sido "deliberadamente preservadas" hasta ahora, pero la paciencia de Washington ya se ha agotado.
Trump justifica la posible ofensiva como una "retribución" por las bajas estadounidenses acumuladas durante 47 años de hostilidades. Lo más llamativo de su declaración es la afirmación de que ya existe un gran progreso en las negociaciones con un nuevo y más razonable régimen en Irán. Aunque no se han dado detalles, el mandatario dio a entender que el fallecimiento del líder supremo Ali Khamenei al inicio del conflicto y su sustitución por su hijo, Mojtaba Khamenei, ha alterado la dinámica interna de poder en Teherán.
"Esto será en retribución por nuestros muchos soldados y otros que Irán ha masacrado... instalaciones que han sido 'deliberadamente' preservadas hasta ahora", sentenció Trump.
La respuesta de Irán no se ha hecho esperar. El canciller Abbas Araghchi advirtió que cualquier ataque contra la infraestructura energética iraní será respondido con bombardeos directos contra las instalaciones de empresas estadounidenses en toda la región. Mientras tanto, el Estrecho de Ormuz permanece bloqueado, manteniendo el precio del barril de petróleo por encima de los 100 dólares y generando una incertidumbre asfixiante en los mercados internacionales. A pesar de la retórica agresiva, Trump aseguró que Irán ya ha accedido a permitir el paso de 20 buques petroleros, un gesto que podría interpretarse como una primera concesión bajo la presión del ultimátum.

En el terreno militar, la posibilidad de una operación terrestre cobra fuerza. Aunque el secretario de Estado, Marco Rubio, descartó inicialmente una invasión a gran escala, el Pentágono ya ha desplegado un buque de asalto anfibio con 3.500 marines en la región. Según informes de The Washington Post, se preparan incursiones de fuerzas especiales para misiones de precisión que durarían varias semanas.
Los cancilleres de Turquía, Pakistán, Egipto y Arabia Saudí se encuentran reunidos en Islamabad buscando una vía de salida que evite la destrucción de la infraestructura básica iraní, lo que provocaría una crisis de refugiados y desabastecimiento en la zona. La mediación de Pakistán se perfila como la última oportunidad para que Washington y el "nuevo régimen" de Teherán conviertan las amenazas en un tratado de paz sustantivo antes de que los cazas estadounidenses reciban la orden de atacar los centros vitales del país.