La portavoz Karoline Leavitt aclaró que, aunque el encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping sigue en pie, su ejecución depende de los avances en la denominada "operación Furia Épica". Washington busca asegurar la reapertura del estrecho de Ormuz antes de que el presidente emprenda su viaje diplomático al gigante asiático.

El mandatario estadounidense ha condicionado su asistencia a una postura más activa de Pekín en la seguridad marítima. "Es uno de los principales beneficiados por la reapertura del comercio de crudo", argumentó Trump, quien espera que China coopere para garantizar el tránsito energético en una ruta vital para la economía global.
Desde el Ministerio de Exteriores chino, el portavoz Lin Jian mantuvo una postura diplomática, señalando que ambos gobiernos mantienen comunicación constante. Aunque Pekín aún no ha oficializado la visita, reconoció que el diálogo al más alto nivel posee un "papel estratégico irreemplazable" para la estabilidad de la relación bilateral.
El viaje, originalmente planeado para finales de marzo, serviría como un encuentro clave para definir el equilibrio de poder en el Pacífico y el Golfo Pérsico. Trump también ha extendido sus demandas de apoyo a aliados como Japón, Australia y los miembros de la OTAN, exigiendo una postura firme contra las amenazas iraníes.
La incertidumbre sobre la fecha resalta el complejo tablero geopolítico que enfrenta la actual administración estadounidense. Mientras el conflicto bélico continúa, Trump equilibra sus compromisos diplomáticos con la presión militar, dejando claro que su prioridad absoluta es neutralizar los riesgos que Irán plantea sobre las infraestructuras estratégicas.