El Presidente Donald Trump ha confirmado que, tras destruir el 100% de la infraestructura militar de Irán, incluyendo los devastadores ataques contra la estratégica isla de Kharg, la nueva prioridad de la Casa Blanca es asegurar la libre circulación en el Estrecho de Ormuz. En un mensaje contundente publicado en Truth Social, Trump subrayó que las principales economías del planeta, conscientes de que la era de la amenaza iraní ha llegado a su fin, están preparando el envío de sus buques de guerra para unirse a las patrullas estadounidenses en este punto neurálgico del comercio global.
La lista de naciones que se suman a este despliegue pueden incluir a China, Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido, países que durante décadas han sido rehenes del chantaje energético impuesto por Teherán. El Presidente fue categórico: el estrecho "dejará de ser una amenaza por parte de una nación que ha sido totalmente decapitada". Este despliegue naval no solo simboliza el apoyo internacional a la nueva realidad de Oriente Medio, sino que garantiza que los remanentes de un régimen desesperado no puedan seguir perturbando la estabilidad mundial con actos de terrorismo marítimo.

A pesar de la derrota estratégica del régimen iraní, el Ejecutivo advierte que no hay espacio para la complacencia. Trump señaló que, aunque su capacidad convencional ha sido eliminada, los sectores más radicales de la teocracia aún podrían intentar ejecutar acciones aisladas utilizando drones, minas o misiles de corto alcance. Ante esta posibilidad, la instrucción para las Fuerzas Armadas estadounidenses es continuar bombardeando sin piedad cualquier punto costero que represente un riesgo y hundir cualquier embarcación iraní que ose desafiar la seguridad de la ruta comercial. La impunidad se terminó, y la firmeza militar será la norma hasta que la paz sea absoluta.
La destrucción de las capacidades militares iraníes, consolidada tras dos semanas de ataques quirúrgicos y sostenidos, ha dejado a los ayatolás sin los medios para sostener una confrontación directa. La movilización internacional, impulsada por la determinación de la Casa Blanca, no busca la ocupación, sino la protección de un bien común necesario para la economía global: un paso libre, seguro y abierto, lejos de las garras de quienes utilizaron el petróleo como arma de extorsión.