Desde mayo del año pasado, Trump en su plataforma de Truth Social ha pedido que reconstruyan y abran Alcatraz. Para el mandatario, la reapertura de la "Roca" es un imperativo moral para proteger a los ciudadanos de bien frente a delincuentes reincidentes que solo aportan "miseria y sufrimiento". La Oficina de Prisiones y el Departamento de Justicia ya tienen instrucciones de convertir este ícono de San Francisco en el destino final de los criminales más violentos.
Ubicada en el corazón de la Bahía de San Francisco, Alcatraz dejó de funcionar como centro federal en 1963, principalmente debido a los altos costos operativos de la época. Sin embargo, bajo la visión de la actual administración, la inversión de 152 millones de dólares representa el primer paso para dotar al complejo de tecnología de seguridad del siglo XXI. Frente a la crisis de criminalidad que afecta a diversas metrópolis, el regreso de una prisión de la que "nadie escapa" se percibe como una herramienta de disuasión necesaria para limpiar las calles y restaurar la ley y el orden.
“Durante demasiado tiempo, Estados Unidos ha estado plagado de delincuentes viciosos y violentos. Reabriremos Alcatraz para los criminales más peligrosos, aquellos que nunca contribuirán con nada más que dolor”, sentenció el presidente Trump en sus redes oficiales.
Como era de esperar, la izquierda radical y el establishment demócrata han salido a criticar la medida. La ex presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, calificó la propuesta como una "noción estúpida" y un "insulto a la inteligencia", intentando proteger el estatus de la isla como museo gestionado por el Servicio de Parques Nacionales. Para los críticos liberales, Alcatraz debe seguir siendo un "prop político" turístico, ignorando la utilidad funcional que una prisión de máxima seguridad rodeada de aguas gélidas podría aportar en la lucha contra las bandas organizadas y el crimen trasnacional.

Originalmente inaugurada como prisión federal en 1934, la isla albergó a figuras nefastas de la talla de Al Capone. Aunque en su momento el costo de operación era tres veces superior al de otras cárceles, la administración Trump apuesta por la eficiencia tecnológica para mitigar esos gastos históricos. En este 2026, la prioridad del Gobierno es que la seguridad de las familias estadounidenses esté por encima de cualquier consideración nostálgica o turística. Alcatraz, según el plan de la Casa Blanca, dejará de ser un parque temático para volver a ser el muro de contención contra el mal.
La batalla presupuestaria en el Congreso será el próximo campo de batalla para este proyecto emblemático. Mientras el ala conservadora celebra el regreso de la "Mano Dura" y la recuperación de símbolos de autoridad nacional, los sectores progresistas intentarán bloquear los fondos. No obstante, la determinación de Trump de "hacer a las prisiones seguras otra vez" cuenta con un amplio respaldo entre quienes exigen que los criminales más peligrosos sean aislados de la sociedad en instalaciones donde la fuga sea, literalmente, una imposibilidad geográfica.