Donald Trump confirmó este miércoles en Truth Social su viaje a Beijing para reunirse con Xi Jinping, encuentro que había sido aplazado siete semanas por el conflicto con el régimen de Irán. Esta será la primera visita de un presidente de EE. UU. a suelo chino desde 2017 y contará con una posterior visita de reciprocidad de Xi a la Casa Blanca.
La cumbre original se suspendió para que Trump liderara las operaciones militares iniciadas el 28 de febrero junto a Israel. El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán afecta el 20% del suministro mundial y el 90% del petróleo que importa China. Trump ha presionado a Beijing para unirse a una coalición naval contra la amenaza del estado terrorista.

En lo económico, la reunión es crítica por los aranceles del 10% que vencen el 24 de julio, tras un reciente fallo del Tribunal Supremo. El equipo de Trump, liderado por Scott Bessent, ya ha mantenido conversaciones en París calificadas como "estables" para avanzar en sectores como agricultura y minerales críticos. Mayo se perfila como la ventana definitiva para negociar.
La agenda también incluirá temas de alta sensibilidad como la soberanía de Taiwán y la rivalidad tecnológica global. Washington busca además coordinar posturas sobre Ucrania, aprovechando la influencia que China mantiene sobre Rusia. La actual coyuntura de guerra y tensiones judiciales añade una complejidad sin precedentes a esta cita de alto nivel.
La Casa Blanca mantiene su firmeza, vinculando la seguridad de las rutas comerciales con la necesidad de que China deje de ser tibia ante las agresiones de los ayatolás. El despliegue de la "Operación Furia Épica" contra Irán ha demostrado la determinación de la administración Trump. El éxito en Beijing definirá las reglas del juego para el resto de 2026.