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Washington reprende a Cuba tras abucheos a diplomático estadounidense en La Habana

Washington interpreta el abucheo como una maniobra deliberada del régimen para desviar la atención de su fracaso interno y proyectar fuerza ante una población cada vez más descontenta

Por UHN Plus
Washington reprende a Cuba tras abucheos a diplomático estadounidense en La Habana
Mike Hammer

El Departamento de Estado de Estados Unidos condenó enérgicamente este domingo 1 de febrero de 2026 los incidentes ocurridos en La Habana, donde una multitud hostil abucheó y acosó a un alto diplomático estadounidense durante un acto público. El incidente, calificado por Washington como “intimidación orquestada”, ha elevado aún más la tensión bilateral en medio de la profunda crisis que atraviesa la isla.

Según el comunicado oficial emitido por el portavoz del Departamento de Estado, el funcionario estadounidense —cuya identidad no fue revelada por razones de seguridad— fue objeto de “hostigamiento organizado” mientras participaba en una actividad cultural abierta al público en la capital cubana. Testigos presenciales y videos difundidos en redes sociales muestran a decenas de personas gritando consignas oficialistas, insultos y amenazas mientras el diplomático intentaba dialogar con ciudadanos.

“Estados Unidos condena en los términos más enérgicos este acto de intimidación contra nuestro personal diplomático. Instamos al régimen cubano a garantizar la seguridad y la libertad de movimiento de los representantes extranjeros en su territorio”, señala el texto oficial. El Departamento de Estado también exigió una investigación inmediata y el cese de cualquier campaña de hostigamiento orquestada por autoridades o grupos afines al gobierno.

El incidente ocurre en un momento de máxima fragilidad para el régimen de Miguel Díaz-Canel. Los apagones diarios que superan las 20 horas en muchas provincias, el colapso del transporte público y la escasez alimentaria han generado un malestar social creciente, que el gobierno intenta contener con mayor represión y control de la información. La interrupción total del petróleo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro, sumada a la amenaza de aranceles estadounidenses del 25 % a cualquier país que suministre crudo a Cuba, ha dejado a la isla sin opciones viables para resolver su crisis energética.

Washington interpreta el abucheo como una maniobra deliberada del régimen para desviar la atención de su fracaso interno y proyectar fuerza ante una población cada vez más descontenta. Fuentes diplomáticas indican que el incidente podría acelerar la implementación de nuevas medidas punitivas, incluyendo la ampliación de sanciones individuales contra funcionarios cubanos responsables de la represión y la vigilancia de disidentes.

El presidente Donald Trump reaccionó rápidamente en Truth Social: “Cuba está fallando bastante pronto. Ahora atacan a nuestros diplomáticos porque no pueden controlar a su propio pueblo. El tiempo se acaba para el régimen”. El mandatario reiteró que Estados Unidos está dispuesto a negociar, pero solo bajo condiciones claras: cese de la represión, liberación de presos políticos y apertura a un proceso de transición democrática.

Para Cuba, el incidente representa un nuevo revés diplomático en un momento crítico. Sin aliados capaces de sostenerla económicamente y con una población agotada por décadas de escasez y represión, el régimen enfrenta su prueba más dura en más de treinta años. La respuesta de Washington —firme pero medida— deja claro que cualquier acto de hostigamiento contra personal estadounidense tendrá consecuencias directas.

Mientras tanto, la crisis humanitaria en la isla se agrava por horas. Sin combustible para termoeléctricas ni para el transporte de alimentos, la capacidad del régimen para mantener el control social se erosiona rápidamente. Los apagones prolongados alimentan el descontento, y cada día sin solución estructural profundiza el aislamiento internacional de La Habana.

El abucheo a un diplomático estadounidense no es solo un acto de provocación: es una muestra más de la desesperación de un régimen que ya no puede ocultar su agotamiento. Con la presión de Trump en aumento y sin salvavidas económico visible, Cuba se acerca a un punto de inflexión que podría cambiar su rumbo de forma irreversible. El tiempo, como siempre en estas crisis, juega en contra del poder establecido.

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