La ambientalista Karen Brewer-Carías advirtió que arrojar escombros en las costas de La Guaira, zona de desastre tras los sismos del 24 de junio, desatará una crisis de salud pública. La denuncia tomó fuerza tras difundirse un video donde un camión de Pdvsa descarga desechos en la playa. La experta señaló que esta práctica destruye la biodiversidad costera. La gestión de estos residuos es hoy uno de los mayores desafíos tras la catástrofe.

El concreto destruido altera el pH del agua y la vuelve altamente alcalina debido a sus aditivos químicos. Los restos de las estructuras colapsadas contienen metales pesados, aceites y pinturas tóxicas que envenenan el ecosistema costero. Estos componentes rompen el equilibrio químico marino y dañan a las especies. El vertido descontrolado agrava la situación de un entorno ya vulnerable por la actividad sísmica.
El polvo fino procedente del concreto y el yeso de las paredes destruidas permanece en suspensión y bloquea el ingreso de la luz solar al mar. Este fenómeno impide que las algas realicen el proceso de fotosíntesis y afecta el ciclo de vida marino. Al asentarse, este polvillo cubre y destruye por asfixia a los corales, las esponjas y los arrecifes de la zona. Dichos espacios sirven históricamente como refugio y sitio de reproducción para los peces de la costa.
La acumulación de materiales en el litoral modifica la topografía del fondo marino y altera el comportamiento de las olas. Este cambio desvía las corrientes costeras naturales, lo que incrementa notablemente la erosión en las vías e infraestructuras que resistieron al sismo. La ambientalista enfatizó que las olas trituran las micropartículas de asbestos presentes en los desechos de construcción. Estos elementos nocivos entran directamente en la cadena alimentaria de peces y crustáceos que luego consume la población.

Los componentes pesados depositados en el agua también se convierten en trampas invisibles que ponen en riesgo la navegación y la pesca artesanal. Esta situación perjudica el sustento de las comunidades pesqueras y compromete la futura recuperación de la actividad turística regional. El turismo constituye el motor económico tradicional de esta franja costera densamente afectada por los movimientos telúricos. Las asociaciones civiles exigen la paralización inmediata del vertido de camiones oficiales en las playas.
Como alternativa técnica, la ecologista recomendó trasladar la totalidad de los sedimentos hacia canteras secas designadas tierra adentro. En estas instalaciones, el material de demolición puede ser debidamente triturado, clasificado y reciclado para obras futuras sin impactar los acuíferos. El manejo terrestre evita que los contaminantes se dispersen por el litoral y resguarda la salud de los habitantes de los municipios afectados. La especialista sentenció que bajo ninguna circunstancia se debe utilizar el océano como un vertedero.
La disposición de los desechos urbanos presiona a las instituciones en plena emergencia humanitaria nacional. Remover de forma segura miles de toneladas de estructuras caídas requiere cumplir con las normativas ambientales básicas. Científicos locales insisten en aplicar criterios de sostenibilidad para evitar daños crónicos a la salud. Cuidar el litoral de La Guaira es vital para la estabilización sanitaria de la población.
(Con información de Infobae)