La organización de los Oscar y el FBI reforzaron la seguridad este 12 de marzo tras detectar un posible complot de Irán para atacar con drones la gala en Los Ángeles. El plan, analizado por el presidente Donald Trump, implicaría lanzamientos desde embarcaciones frente a la costa de California, lo que obligó a desplegar un operativo especial entre la policía local y agencias federales para proteger el Teatro Dolby y garantizar la seguridad de los asistentes.
El gobernador Gavin Newsom confirmó la alerta federal sobre el uso de drones desde embarcaciones, aunque aclaró que la información sigue bajo verificación rigurosa. Por precaución, los productores han incrementado la vigilancia en la alfombra roja y el perímetro del evento, asegurando que el espectáculo se desarrolle sin interrupciones frente a las provocaciones directas del régimen de Teherán.

Esta amenaza ocurre en un contexto de alta tensión donde el régimen iraní busca intimidar a Occidente golpeando sus iconos culturales más visibles y mediáticos. La seguridad técnica se ha duplicado para monitorear el espacio aéreo, garantizando que la edición número 98 de los premios, presentada por Conan O’Brien, no se vea empañada por el chantaje o el terrorismo extranjero.
La gala también rendirá homenaje a figuras fallecidas como Rob Reiner, subrayando un mensaje de resiliencia ante la violencia y la inseguridad internacional. La Academia ha sido enfática en que la prioridad absoluta es la seguridad de invitados como Robert Downey Jr. y Anne Hathaway, enviando una señal de firmeza ante los intentos de desestabilización por parte de actores estatales hostiles.
Agencias de inteligencia mantienen un monitoreo constante sobre las aguas del Pacífico para interceptar cualquier amenaza marítima antes de que alcance la costa de Los Ángeles. Con protocolos de emergencia reforzados, la industria del cine busca blindar su integridad soberana y evitar que el miedo interfiera con la celebración de los logros artísticos de este año.
El despliegue actual representa la respuesta de seguridad más robusta en la historia de la premiación frente a una amenaza externa directa y coordinada. Al colaborar estrechamente con el FBI, la organización garantiza que los Oscar sigan siendo un espacio seguro, demostrando que Estados Unidos no cederá ante las intimidaciones de la teocracia iraní en suelo estadounidense.