El presunto organizador del histórico asalto al Museo del Louvre expresó su profunda decepción por el volumen de las joyas obtenidas y reclamó que podrían haber robado una cantidad mayor. Dos de los ejecutores materiales detenidos revelaron ante la justicia francesa los detalles del robo de ocho valiosas piezas históricas tasadas en 88 millones de euros. El escándalo internacional por la vulnerabilidad de las obras de arte provocó la dimisión de la presidenta de la institución, Laurence des Cars.
Los delincuentes, identificados como Abdoulaye N y Ghelamallah A, lograron infiltrarse con éxito en la exclusiva galería Apolo del museo parisino. Los criminales actuaron bajo el encargo directo de un misterioso cliente adinerado que les facilitó un video guía de las vitrinas napoleónicas apenas días antes del golpe. La misión principal consistía sencillamente en romper los cristales protectores y saquear todos los objetos de valor que encontraran en las salas oscuras.

Durante la noche del atraco, los asaltantes accedieron al primer piso del edificio mediante la utilización de un montacargas del museo que facilitó su desplazamiento. Tras forzar una de las ventanas exteriores, los sujetos aceleraron la extracción de las tiaras y pendientes debido a la presencia de un guardia de seguridad a la distancia. En la huida, uno de los ladrones dejó caer una valiosa corona del siglo XIX perteneciente a la emperatriz Eugenia.
La joya imperial sufrió daños sumamente graves tras el impacto contra el suelo, un hecho que el propio ejecutor material reconoció compungido ante los magistrados instructores. Los sospechosos admitieron que entregaron inmediatamente todo el botín recolectado al líder de la banda en un punto de encuentro clandestino. El cabecilla criminal planeaba revender las piezas históricas en el mercado negro internacional debido a una motivación puramente de beneficio económico.
Las promesas de pagos rápidos facilitaron el reclutamiento de los cómplices, entre los que destaca un antiguo influencer de redes sociales en quiebra. Los delincuentes aceptaron participar en la operación delictiva a cambio de sumas que oscilaban entre los 15.000 y 25.000 euros por su trabajo nocturno. Uno de los involucrados alegó que desconocía por completo que el objetivo final del plan era el propio Louvre, creyendo que robarían una joyería común.
La investigación judicial en curso avanza con lentitud debido a que los imputados se niegan a revelar la identidad de sus jefes por miedo a sufrir represalias. La policía de Francia mantiene bajo custodia a varios sospechosos de la red logística, pero aún no logra localizar el paradero actual de las alhajas sustraídas. El caso encendió las alarmas en toda Europa por la alarmante fragilidad del resguardo en los museos más importantes del continente.
La dirección del Louvre inició de inmediato una reestructuración profunda para reforzar la seguridad tecnológica e impedir que ocurran nuevos incidentes delictivos en sus instalaciones. Los peritos artísticos intentan determinar si es posible restaurar por completo las piezas dañadas durante la accidentada fuga de la banda criminal. Las autoridades judiciales francesas mantendrán la presión sobre los detenidos para desarticular la cúpula que financió el asalto a gran escala.
(Con información de Infobae)