En un despliegue de soberanía tecnológica y poderío militar, Corea del Sur ha confirmado el inicio formal de su ambicioso proyecto para construir su primer submarino de propulsión nuclear. Durante su análisis en Infobae al Mediodía, el especialista en geopolítica Andrei Serbin Pont destacó que este histórico salto estratégico no busca la proliferación de armamento masivo, sino proveer a Seúl de las capacidades submarinas necesarias para neutralizar de forma contundente la amenaza nuclear de la dictadura de Corea del Norte.

El pilar fundamental de este programa radica en la sólida alianza estratégica que une a Seúl con la administración de los Estados Unidos, un vínculo que resultará determinante para el éxito de la ingeniería naval. Según los términos del acuerdo de cooperación, el Pentágono facilitará la tecnología del reactor nuclear, mientras que el diseño integral y la compleja manufactura de los cascos correrán a cargo de los avanzados astilleros de las corporaciones surcoreanas.
Esta sinergia militar busca contrarrestar el avance de los regímenes totalitarios de la región, permitiendo a las fuerzas aliadas mantener una vigilancia silenciosa y de tiempo prolongado en aguas profundas, una ventaja táctica que los submarinos convencionales de propulsión diésel no pueden garantizar en misiones de combate real.
La maduración del aparato industrial surcoreano es el resultado de una estrategia de absorción y mejora tecnológica que se remonta a los años ochenta y noventa, cuando el país adquirió naves de diseño alemán. Para el año 2014, los ingenieros coreanos ya habían desarrollado una línea de submarinos 100% autóctonos equipados con propulsión AIP (independiente de aire) y sistemas de lanzamiento de misiles balísticos.

Con esta experiencia acumulada, Corea del Sur irrumpe con fuerza en un mercado de defensa global dominado históricamente por potencias europeas como Francia y Alemania. La irrupción de este nuevo competidor del bloque occidental ya ha despertado un profundo interés en las fuerzas armadas de Argentina, que evalúan a Seúl como una alternativa viable para la futura renovación de su Flota de Mar.
Más allá del fortalecimiento de sus propias fronteras, la estrategia de Seúl contempla una audaz jugada comercial para auxiliar a su principal aliado ante la profunda crisis de capacidad que sufren los astilleros norteamericanos. Las corporaciones surcoreanas proyectan inyectar una inversión récord de hasta 150.000 millones de dólares en infraestructura pesada dentro del territorio estadounidense, con el objetivo de coproducir los destructores misilísticos de la clase KDX-III para la Armada de los EE.UU.
El analista Serbin Pont contrastó el modelo de Seúl con el programa de desarrollo que lleva adelante Brasil en América Latina, el cual avanza a un ritmo considerablemente más lento bajo la tutela y transferencia tecnológica de firmas francesas. La gran ventaja del caso de estudio coreano es su capacidad para sostener una industria pesada hipermoderna y competitiva en los mercados internacionales sin depender de esquemas de mano de obra barata o precarizada, manteniendo en su lugar estándares socioeconómicos sumamente elevados para su población.
(Con información de Infobae)