El gobierno de Dinamarca formalizó la citación diplomática del embajador ruso acreditado en la ciudad de Copenhague. La decisión institucional responde al peligroso lanzamiento de dos bengalas militares desde un buque de guerra pertenecientes a la flota de Moscú. El ataque ocurrió en el mar Báltico contra un helicóptero militar de la fuerza aérea en plena operación.
La aeronave involucrada realizaba una tarea fotográfica de rutina en aguas internacionales frente a la costa sur de Gedser. La nave de guerra disparó los proyectiles incendiarios hacia la aeronave y uno de ellos pasó a escasa distancia de los tripulantes. Las autoridades militares confirmaron que el incidente aeronaval finalizó sin registrar daños materiales ni personal herido de gravedad.
La primera ministra Mette Frederiksen condenó de forma tajante la acción bélica y la definó como un acto temerario e irresponsable. La jefa de Estado sostuvo que la provocación naval busca intimidar a los aliados y romper la cohesión defensiva europea. El liderazgo danés ratificó que no cederá ante las maniobras de intimidación ejecutadas por las Fuerzas Armadas rusas.
PM Mette Frederiksen: ”Reckless action from Russia towards Danish military during a routine overflight yesterday. Russian actions are meant to intimidate and divide. They will not succeed. We will not waver.”
— Statsministeriet (@Statsmin) September 15, 2026
Por su parte el canciller Lars Løkke Rasmussen calificó la agresión armada como un hecho inaceptable que puso en riesgo vidas humanas. La diplomacia de Copenhague advirtió que el régimen de Moscú altera progresivamente los límites de las conductas permitidas en aguas internacionales. El Ministerio de Defensa convocó a reuniones informativas de urgencia con las distintas bancadas parlamentarias para analizar el escenario.
El grave suceso coincidió con la neutralización aérea de un dron ruso sobre la nación báltica de Lituania el mismo día. La sucesión de incursiones confirma el constante deterioro defensivo que sufre el flanco oriental de la alianza tras la agresión a Ucrania. Las fuerzas armadas intensificaron las patrullas de vigilancia marítima para monitorear el desplazamiento de las tropas del Kremlin.
La firme respuesta de las instituciones garantiza el mantenimiento del orden legal y la seguridad marítima en la región. La rápida acción diplomática consolida la disuasión de los países miembros de la OTAN ante provocaciones externas. El respeto a los acuerdos resulta indispensable para preservar la estabilidad operacional en las aguas del mar Báltico.
La defensa irrenunciable de la libre navegación constituye un pilar esencial para garantizar la paz continental de forma permanente. La contención de las pretensiones exige una postura inflexible por parte de los estados libres de la región. La cohesión de las naciones permanece inquebrantable para proteger el territorio estratégico ante cualquier amenaza o sabotaje.
(Con información de AFP y EFE)