El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes 9 de enero de 2026 que su administración decidirá qué compañías petroleras internacionales podrán operar en Venezuela, actuando como intermediario exclusivo entre ellas y el gobierno del país sudamericano. La declaración se produjo durante una reunión en la Casa Blanca con más de una veintena de ejecutivos de las principales empresas del sector energético.
Trump fue claro al establecer las reglas: “Vamos a tomar la decisión sobre qué petroleras van a entrar [en Venezuela], vamos a cerrar el acuerdo”. Dirigiéndose directamente a los representantes presentes, agregó: “Ustedes están negociando con nosotros directamente, no están negociando con Venezuela en absoluto, no queremos que negocien con Venezuela”. El mandatario prometió “seguridad total” para las operaciones, argumentando que una de las principales barreras previas era precisamente la falta de garantías para las inversiones.
🇺🇸🇻🇪‼️ | LO ÚLTIMO — Reunido con ejecutivos petroleros, Donald Trump afirmó que la salida de Maduro abre un futuro extraordinario para Venezuela y EE. UU., integrando a dos grandes potencias energéticas del hemisferio. Destacó que el crudo venezolano ayudará a bajar aún más los… pic.twitter.com/eBCxQr0e5M
— UHN Plus (@UHN_Plus) January 9, 2026
La reunión, que contó con la participación de directivos de compañías como Chevron, Exxon, Repsol, Shell, ConocoPhillips, Eni, Halliburton, Marathon, Vitol Americas, Trafigura y Aspect Holdings, entre otras, se centró casi exclusivamente en la reconstrucción de la industria petrolera venezolana. Trump destacó que este encuentro forma parte de una relación a largo plazo con Venezuela, enfocada en su seguridad, su gente y, especialmente, en la reducción de los precios del petróleo para los consumidores estadounidenses.
Poco antes del evento, el presidente publicó en su red Truth Social que “las mayores compañías petroleras del mundo” participarían, y que “todos quieren asistir”. Pidió disculpas a aquellas empresas que no pudieron ser recibidas ese día, indicando que el secretario de Energía, Chris Wright, y el secretario del Interior, Doug Burgum, las atenderían en los próximos días.

Esta iniciativa se enmarca en el nuevo escenario político venezolano tras la captura de Nicolás Maduro y el establecimiento de un gobierno interino. Venezuela posee aproximadamente una quinta parte de las reservas mundiales de petróleo, pero su producción ha caído drásticamente: según la OPEP, representó apenas el 1% de la producción global en 2024 debido a años de subinversión, sanciones y deterioro de infraestructura.
Durante su primer mandato, Trump impuso un embargo petrolero para presionar al régimen chavista. Al regresar al poder, canceló la mayoría de las licencias que permitían operaciones a multinacionales, manteniendo solo la de Chevron. Ahora, Washington anuncia una reducción selectiva de sanciones para facilitar la venta y transporte de crudo venezolano en mercados globales.
Trump también mencionó que el gobierno interino entregaría hasta 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos, con ganancias controladas directamente por su administración. Además, el Departamento de Energía planea enviar petróleo ligero estadounidense para mezclarlo con el crudo venezolano, que es viscoso y extrapesado, facilitando su refinación.
La estrategia refleja el interés estadounidense en reactivar la industria petrolera venezolana bajo supervisión directa, garantizando estabilidad para las inversiones y beneficios económicos para ambos países. Sin embargo, genera interrogantes sobre la soberanía venezolana en la gestión de sus recursos naturales y el rol futuro del gobierno interino en las decisiones energéticas.
Esta reunión marca un paso concreto hacia la reconstrucción económica de Venezuela, en un contexto donde la recuperación de la industria petrolera es vista como clave para la estabilidad regional y la reducción de precios globales de energía.
