La decisión, comunicada por la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, establece que no se permitirá que gobiernos extranjeros utilicen el sistema de inmigración de EE. UU. para eludir los tratados de extradición y atacar a líderes conservadores. Marcelo Ivo De Carvalho, quien servía como enlace ante el ICE (Servicio de Inmigración y Aduanas), recibió la orden inmediata de abandonar el país tras detectarse gestiones irregulares contra refugiados políticos.
El detonante fue la detención en Orlando de Alexandre Ramagem, figura clave del gobierno de Bolsonaro, quien fue liberado apenas dos días después gracias a la intervención de la administración Trump. Ramagem, que agradeció públicamente al mandatario estadounidense por su liberación, se encuentra en el país bajo estatus legal mientras se procesa su solicitud de asilo político ante lo que considera una condena injusta de 16 años impuesta por la Corte Suprema de Brasil.

Para la Casa Blanca, el caso de Ramagem es el reflejo de la persecución que sufre el movimiento bolsonarista en su país, la cual el propio Donald Trump ha comparado con los ataques judiciales que él mismo ha enfrentado. El presidente ha calificado a Jair Bolsonaro como un "buen hombre" y un "gran presidente", criticando las sanciones y juicios que buscan inhabilitar a la oposición conservadora en la nación sudamericana.
Ramagem, quien dirigió la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), es acusado por la fiscalía de su país de organizar una red de vigilancia, cargos que sus aliados desmienten calificándolos de fabricaciones para destruir su carrera. Su llegada a EE. UU. tras cruzar fronteras en condiciones extremas subraya la gravedad de la situación política en Brasil, donde líderes de derecha denuncian un secuestro de las instituciones democráticas por parte del actual Ejecutivo.