Estados Unidos puso fin este domingo a las conversaciones directas con Irán en Islamabad sin alcanzar un consenso. El vicepresidente JD Vance, tras 21 horas de intensas discusiones, fue tajante al señalar que Teherán no estuvo dispuesto a aceptar las condiciones fundamentales impuestas por la administración Trump. El núcleo de la discordia sigue siendo la exigencia innegociable de Washington: un compromiso verificable y absoluto de que Irán jamás desarrollará armas nucleares, un objetivo que el presidente Donald Trump ha calificado como "central" para la seguridad del mundo libre.
🇺🇸🇮🇷‼️| La tensión entre Estados Unidos y el régimen iraní vuelve a potenciarse luego de una negociación que acabó hundida por completo. Según reveló The Kobeissi Letter, los desencuentros entre las partes fueron muchos, pero hubo un punto que detonó la negociación: Irán se negó… pic.twitter.com/HYP8NoYb5i
— UHN Plus (@UHN_Plus) April 12, 2026
La delegación iraní, por su parte, intentó victimizarse acusando a los estadounidenses de presentar "demandas excesivas e ilegales". Según el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, el fracaso se debió a la supuesta falta de "buena fe" de Washington. Sin embargo, para la administración Trump, la postura de Irán no es más que una táctica de dilación tras décadas de engaños y agresiones regionales. Vance fue claro antes de abordar el Air Force 2 y afirmó que la falta de un acuerdo es una noticia "mucho peor para Irán que para Estados Unidos", dejando entrever que las consecuencias de la intransigencia persa serán severas.
“Nos vamos de aquí con una propuesta muy simple, un método de entendimiento que es nuestra mejor y última oferta. Veremos si los iraníes la aceptan”, sentenció JD Vance tras consultar en repetidas ocasiones con el presidente Trump.
El contexto de estas negociaciones es de máxima volatilidad. Tras la operación conjunta de EE. UU. e Israel que eliminó al líder supremo Alí Jameneí el pasado 28 de febrero, el régimen iraní respondió bloqueando el Estrecho de Ormuz y atacando infraestructuras energéticas de aliados en el Golfo. Aunque el alto el fuego del 8 de abril permitió este encuentro en Pakistán, las grietas son profundas. Irán exige el cese de los ataques contra Hezbolá en el Líbano, algo que tanto Washington como Israel han rechazado de plano, manteniendo la presión militar sobre los satélites terroristas de Teherán.
Desde Jerusalén, el primer ministro Benjamín Netanyahu reforzó la postura de firmeza al advertir que la ofensiva contra el régimen de los ayatolás "no ha terminado". Con la sombra de la presencia de material nuclear enriquecido en territorio iraní, Netanyahu fue explícito en sintonía con Trump: o el material sale de Irán mediante un acuerdo que acepte la "última oferta" de Vance, o será neutralizado por la vía militar.
“Todavía hay material enriquecido en Irán. O es retirado por un acuerdo o saldrá de otra manera”, advirtió Netanyahu horas antes del cierre de la cumbre en Islamabad.
El fracaso diplomático en Islamabad deja el alto el fuego de dos semanas pendiendo de un hilo. Mientras Pakistán, en su rol de facilitador, insta a ambas partes a mantener el "espíritu positivo", la realidad en el terreno sugiere una escalada inminente. El presidente Trump ya ha advertido previamente sobre consecuencias catastróficas para la civilización iraní si persisten en su desafío nuclear. Para los analistas de seguridad, el retiro de Vance no es una derrota, sino una demostración de que Estados Unidos ya no aceptará pactos débiles que solo sirven para que el extremismo islámico gane tiempo.
El régimen debe decidir si acepta los términos de la "última oferta" estadounidense o si se enfrenta nuevamente a la maquinaria bélica de la coalición liderada por Trump. Con la propuesta sobre la mesa, el tiempo se agota para el régimen de Teherán, mientras las fuerzas estadounidenses e israelíes permanecen en máxima alerta, listas para asegurar que el "nunca más" a un Irán nuclear sea una realidad incontestable.