La administración demócrata de Nueva York ha decidido priorizar la agenda trans sobre la labor humanitaria de la Iglesia Católica. La normativa en cuestión exige que el Rosary Hill Home permita el acceso de hombres biológicos a espacios femeninos, utilice pronombres preferidos y someta a sus hermanas a programas de reeducación en ideología de género. Para la Madre Marie Edward y su congregación, estas demandas son inaceptables, ya que violan sus votos religiosos y la antropología cristiana que sustenta su misión de consolar a quienes están a punto de fallecer.

A pesar de que el centro funciona exclusivamente mediante donaciones y no acepta un solo dólar de fondos públicos, el Departamento de Salud estatal ha iniciado un proceso de hostigamiento legal. Mientras que otros centros de enfermería en Nueva York acumulan miles de denuncias por negligencia, el hogar de las Dominicas presume de un historial de cero quejas en los últimos cuatro años. No obstante, el Estado parece más interesado en castigar la disidencia ideológica que en proteger la calidad del cuidado a los enfermos terminales, demostrando un sesgo autoritario contra las instituciones de fe.
“La ideología de género de Nueva York amenaza nuestra existencia con multas e incluso tiempo en la cárcel; por eso hemos ido a los tribunales para buscar protección”, declaró la Madre Marie Edward.
La demanda presentada por las religiosas busca un amparo judicial que les permita seguir sirviendo a los pobres sin traicionar sus convicciones. Los críticos de la gobernadora Hochul denuncian que esta ley es un intento de criminalizar la caridad católica si esta no se ajusta a los nuevos dogmas progresistas. La supervivencia de esta obra de misericordia depende de que la justicia prevalezca sobre la coacción estatal y se respete el derecho fundamental a vivir y trabajar conforme a la fe.