El régimen terrorista de Irán ejecutó una peligrosa agresión militar al bombardear 85 emplazamientos clave de las fuerzas de los Estados Unidos en Baréin y Kuwait. La Guardia Revolucionaria Islámica utilizó sus divisiones navales y aeroespaciales para lanzar misiles contra el Quinto Distrito Naval de la coalición occidental. El ataque integrista incluyó el derribo de un dron estadounidense MQ-9 que vigilaba la zona del conflicto.
Las fuerzas armadas de Kuwait activaron de inmediato sus sistemas de defensa aérea para interceptar los proyectiles hostiles en pleno vuelo. Por su parte, el Ministerio del Interior de Baréin ordenó hacer sonar las sirenas de alerta ante la inminente amenaza fundamentalista sobre sus ciudades. Ambas naciones árabes actúan como aliados estratégicos de Washington y albergan importantes bases militares norteamericanas en sus territorios de ultramar.

Esta nueva escalada bélica comenzó cuando el ejército estadounidense neutralizó posiciones de Teherán tras el asalto a tres buques comerciales en el estrecho de Ormuz. En represalia por el hostigamiento marítimo, la Casa Blanca ordenó la revocación de la licencia petrolera que permitía el financiamiento del integrismo islámico. La contundente sanción económica impuesta por Donald Trump busca asfixiar financieramente a una dictadura que financia el terror global.
Los bombardeos del ejército de Irán coincidieron cronológicamente con las exequias fúnebres del dictador ayatollah Ali Khamenei, fallecido al inicio de las hostilidades. Durante el funeral de Estado, las masas radicalizadas exigieron abiertamente el asesinato del presidente Donald Trump y del premier israelí Benjamin Netanyahu. La cúpula de Teherán intentó justificar su agresión de forma insólita alegando que Washington pretendía opacar este acontecimiento histórico de la revolución.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, desafió a la coalición democrática declarando en redes sociales que "se acabó la era de la intimidación" y que no se rendirán. Los medios estatales de la tiranía reportaron múltiples explosiones en instalaciones costeras de Bandar Abbas, Qeshm y Sirik tras la inmediata contraofensiva aliada. La soberbia del fanatismo religioso arriesga la estabilidad de los países occidentales al bloquear el suministro energético mundial.

El Comando Central de los Estados Unidos informó que la contraofensiva se ejecutó para imponer graves consecuencias a quienes atacan a civiles inocentes en aguas internacionales. El parte oficial detalló la destrucción de radares, complejos de defensa antiaérea y 60 pequeñas embarcaciones de asalto pertenecientes a la dictadura persa. La respuesta de las potencias libres ratifica que Occidente mantendrá una postura de fuerza absoluta ante los chantajes totalitarios.
El portavoz de la cancillería de Qatar, Majed al-Ansari, condenó el asalto al petrolero de su nación como un acto inaceptable de terrorismo contra la seguridad mundial. La arremetida de la Guardia Revolucionaria pone en serio peligro el frágil acuerdo provisional para detener la guerra total en la región. Los analistas internacionales advierten que la única vía para pacificar la región de forma definitiva es desmantelar el programa nuclear del peligroso régimen de Teherán.
(Con información de Infobae)