Los líderes del Grupo de los Siete (G7) formalizaron este miércoles un plan conjunto para reducir significativamente su dependencia de China en el suministro de minerales críticos, materias primas esenciales para la producción de semiconductores, baterías de litio y tecnologías de última generación. Al concluir la cumbre de tres días en la ciudad de Évian, Francia, los mandatarios de las principales democracias occidentales establecieron el objetivo de contraer la participación del gigante asiático en estos recursos a menos del 60% para el año 2030.
La estrategia contempla continuar con las políticas de deslocalización y diversificación de proveedores para recortar ese margen hasta un piso del 50% en el menor tiempo posible, mitigando así el monopolio de Pekín.

La iniciativa, que recibió el respaldo de Australia en calidad de Estado socio, quedó plasmada en una declaración de seguridad económica orientada a blindar las cadenas de suministro globales frente a las prácticas comerciales distorsionadoras ejercidas por el régimen comunista chino. Los jefes de Estado advirtieron que el exceso de capacidad productiva subsidiada por el Estado chino y las políticas ajenas a las reglas del libre mercado generan nuevas vulnerabilidades estratégicas que amenazan la estabilidad financiera de Occidente.
Para robustecer la infraestructura energética internacional, el G7 acordó la creación de un mecanismo común de vigilancia y respuesta temprana en coordinación directa con la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Este sistema internacional tiene como finalidad prioritaria anticipar y neutralizar eventuales crisis de desabastecimiento de crudo o episodios de volatilidad extrema derivados de los conflictos en Oriente Medio.
Los líderes alentaron activamente a las naciones importadoras a establecer sistemas eficientes de reservas estratégicas de petróleo que cumplan con los estándares mínimos de la AIE, exigiendo un inventario de seguridad equivalente a por lo menos 90 días de importaciones netas.
El documento final del foro internacional hizo especial hincapié en la necesidad de preservar la total libertad de navegación marítima, señalando el Estrecho de Ormuz como un corredor neurálgico para la estabilidad de los precios del crudo y el crecimiento económico global. Los mandatarios coincidieron en que el cese permanente de las hostilidades y la neutralización de los ataques contra barcos comerciales en los corredores del sur resultan determinantes para reducir la incertidumbre financiera internacional.
En el ámbito del desarrollo tecnológico, los gobernantes manifestaron su preocupación por los desafíos emergentes de la transición digital, instruyendo formalmente a sus ministros de Finanzas a elaborar un informe sobre los riesgos de la inteligencia artificial. Los bancos centrales del bloque deberán evaluar el impacto de las herramientas de IA sobre los niveles de empleo formal, la productividad laboral y la seguridad informática de los sistemas bancarios comerciales.
La declaración conjunta exhortó a los miembros a reforzar la ciberseguridad en las redes cuánticas para impedir filtraciones de datos hacia potencias extranjeras que operan al margen de los convenios internacionales de propiedad intelectual.
El manifiesto de la cumbre de Évian sumó el respaldo político de las delegaciones invitadas de Egipto, Kenia y Corea del Sur, países que elevarán estas propuestas ante las próximas mesas de concertación del G20 para consolidar un frente económico unificado. Los analistas internacionales destacaron que el acuerdo marco ratifica el giro de las potencias hacia una política de seguridad nacional integrada a la economía de mercado, penalizando los monopolios estatales de materias primas. Con el cierre de esta cumbre, el bloque occidental traza una hoja de ruta regulatoria estricta orientada a frenar la expansión comercial desleal de Pekín y garantizar la resiliencia energética global.
(Con información de Infobae)