El Ejecutivo de Bolivia consideró que alcanzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional es una condición indispensable de supervivencia. El ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, ratificó la urgencia de obtener financiamiento para revertir el déficit. El acceso a la liquidez internacional pretende garantizar la estabilidad del régimen cambiario general. Las negociaciones del oficialismo buscan frenar el severo deterioro financiero del país.

La administración del presidente Rodrigo Paz diseña un programa macroeconómico de reformas autónomas. El plan incluye la reducción drástica del gasto público y la unificación del mercado cambiario de divisas. Lupo descartó que el organismo multilateral imponga condicionamientos adicionales a las metas fijadas por el Gobierno. El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, definirá las condiciones finales del endeudamiento externo.
La economía boliviana experimenta una fuerte recesión tras el agotamiento del modelo estatista previo. Durante años, los altos ingresos por exportaciones de gas natural sustentaron un elevado e insostenible gasto fiscal. Sin embargo, el desplome en la producción de hidrocarburos provocó la pérdida de las reservas internacionales. La contracción registrada del Producto Interno de la nación evidencia la gravedad de la crisis.
El desabastecimiento de dólares generó un descontrolado mercado paralelo de divisas extranjeras. La devaluación de la moneda local triplicó el valor oficial, provocando un alza inflacionaria de precios. El encarecimiento de los productos básicos limita el acceso a la importación de combustibles esenciales estatales. Los sectores productivos privados demandan urgentes certezas jurídicas para reactivar las inversiones.

El eventual convenio con el FMI facilitará la apertura de nuevas líneas crediticias adicionales. El respaldo del organismo financiero internacional funciona como un aval ante otros bancos multilaterales globales. La nueva gestión gubernamental de centroderecha asumió funciones con el firme compromiso de reordenar las cuentas. Las autoridades buscan recuperar de inmediato la confianza de los mercados de capitales.
La corrección de los desequilibrios heredados requiere terminar con los subsidios distorsivos de gestiones anteriores. El programa de austeridad del presidente Paz pretende estabilizar los flujos comerciales de las empresas. La liberalización económica se presenta como la única alternativa viable frente al colapso.
El Ministerio de Economía presentará los detalles técnicos del plan durante los próximos días. El debate sobre el nivel de endeudamiento externo generará intensas discusiones en el ámbito legislativo nacional. El éxito de la reforma estructural dependerá de la rapidez en la inyección del auxilio financiero. Las metas fiscales de la administración boliviana permanecerán bajo estricto monitoreo internacional.

(Con información de Infobae)