La tiranía comunista de Corea del Norte incorporó a su armada el destructor Kang Kon en un acto oficial celebrado en la costa oriental. El dictador Kim Jong Un presidió la ceremonia junto a su hija para exhibir el nuevo buque con capacidad nuclear. Las autoridades prometieron intensificar la disuasión militar frente al supuesto acoso de las potencias occidentales.
El nuevo navío militar constituye la segunda unidad de gran tonelaje presentada por la dictadura durante los últimos meses. Informes de inteligencia advierten que los buques fueron construidos mediante la asistencia técnica del régimen de Vladimir Putin. La plataforma permite al régimen comunista diversificar el lanzamiento de misiles balísticos desde el espacio marítimo.
Durante su discurso propagandístico el dictador prometió aumentar la capacidad destructiva y la operatividad de su arsenal atómico. La cúpula pretende consolidar un sistema defensivo agresivo frente al despliegue de las fuerzas democráticas aliadas. Asimismo, el liderazgo totalitario anunció el desarrollo de nuevos proyectos navales para los próximos meses.
La exhibición de fuerza coincidió con el inicio de los ejercicios militares tridimensionales entre Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. Las maniobras buscan reforzar la cooperación defensiva regional para neutralizar las contantes provocaciones del régimen norcoreano. La alianza mantiene el despliegue de recursos navales y aéreos en el Templo de la Velocidad del Pacífico.
El régimen de Pyongyang acusó a la administración estadounidense de mantener una postura profundamente hostil hacia su soberanía nacional. Pese al recorte de los ejercicios militares ordenado por Washington, la dictadura rechazó cualquier intento de acercamiento diplomático. La dictadura respondió lanzando una ráfaga de misiles balísticos de corto alcance al océano.
El tirano norcoreano mantiene la exigencia de ser reconocido internacionalmente como una potencia atómica para retomar las negociaciones. Sin embargo las potencias aliadas ratificaron la meta irrenunciable de lograr la desnuclearización completa de la península. La intransigencia de Pyongyang consolida un peligroso eje de cooperación militar con el régimen ruso.
El aumento de las capacidades militares norcoreanas exige la máxima alerta y el fortalecimiento continuo de las defensas aliadas. Las democracias de la región mantendrán la vigilancia permanente sobre las aguas territoriales para frenar la expansión extremista. La firmeza de la coalición internacional resultará clave para garantizar la paz en el Sudeste Asiático.
(Con información de AP y Reuters)