Las negociaciones indirectas emprendidas en Doha entre los delegados de Estados Unidos y el régimen de Irán terminaron en un rotundo fracaso, evidenciando la enorme dificultad para sostener el proceso de paz. Los enviados de la Casa Blanca, Jared Kushner y Steve Witkoff, regresaron a Washington sin lograr avances sustanciales debido a los constantes bloqueos y exigencias de la comitiva del país persa. Todos los contactos oficiales entre las naciones se postergaron formalmente hasta mediados de julio, una vez que concluyan las pompas fúnebres del exlíder religioso de la teocracia islámica.
El proceso de diálogo pasó a un segundo plano para Teherán debido a los funerales masivos de Alí Khamenei, el cabecilla religioso eliminado por las fuerzas de Israel al comienzo de la guerra. Las ceremonias fúnebres se extenderán del 4 al 9 de julio y están diseñadas por la tiranía como una demostración de fuerza ante la presión internacional. El evento marcará la primera aparición pública de su hijo, Mojtaba Khamenei, quien heredó el control absoluto de la estructura religiosa y la sanguinaria Guardia Revolucionaria tras sobrevivir al mismo ataque aéreo.

En las mesas indirectas de Qatar, los negociadores norteamericanos exigieron formalmente que Irán desmantele su programa atómico clandestino y permita de inmediato el libre ingreso de inspectores de la ONU. Sin embargo, el vicecanciller y jefe del equipo negociador del régimen chiíta, Kazem Garibabadi, rechazó de manera tajante cualquier tipo de supervisión internacional en sus plantas. La dictadura islámica busca forzar un estancamiento en las conversaciones bilaterales para ganar tiempo mientras continúa financiando a sus facciones extremistas y milicias satélites en el extranjero.
La soberanía del estratégico Estrecho de Ormuz se consolidó como otro de los puntos de discordia fundamentales, ya que Washington exige garantizar la libre navegación internacional de los buques. Por el contrario, el Estado patrocinador del terrorismo pretende imponer el cobro arbitrario de un peaje obligatorio a todos los buques petroleros que circulen por la zona. Los enviados de Trump rechazaron liberar 6.000 millones de dólares congelados en cuentas bancarias qataríes, condicionando la entrega de fondos al cese de las extorsiones marítimas comerciales.
La delegación iraní también manifestó su rechazo absoluto al histórico pacto de seguridad alcanzado entre Israel y Líbano, el cual se asienta sobre la destrucción militar del grupo criminal Hezbollah. Kushner y Witkoff replicaron con firmeza que dicho acuerdo de paz está plenamente vigente y se ajusta a los compromisos del Memorando de Entendimiento. La cúpula fundamentalista de Teherán ve con profunda preocupación cómo la desarticulación de sus ejércitos proxy debilita su capacidad operativa y su influencia armada en Medio Oriente.

Ante la falta de avances sólidos y el vencimiento inminente de los plazos diplomáticos, el presidente Donald Trump se encuentra en una compleja encrucijada internacional. El mandatario ya solicitó formalmente al Pentágono el diseño de múltiples hipótesis militares de ataque ante el previsible fracaso de las conversaciones bilaterales con los delegados persas. La administración republicana dejó en claro que no aceptará una humillación por parte de la teocracia de los Khamenei, abriendo la posibilidad de reanudar las operaciones bélicas directas.
(Con información de Infobae)