Reportes de inteligencia y análisis de cadenas internacionales confirman este martes que el severo desabastecimiento de combustible ha quebrado la burbuja de indiferencia de los ciudadanos comunes. Las kilométricas filas de vehículos en las estaciones de servicio de Moscú y las principales provincias ya no pueden ser ocultadas por los aparatos de propaganda estatal, transformándose en la prueba más palpable de cómo la campaña bélica iniciada por el Kremlin se está volviendo directamente en su contra.
A pesar de las declaraciones oficiales que intentan minimizar los daños, la estrategia de Kiev de golpear con oleadas de drones de precisión el corazón de la industria petrolera rusa ha paralizado refinerías críticas, terminales de almacenamiento y nodos logísticos en más de doce regiones. La magnitud del asedio ha forzado situaciones extremas como la declaración del estado de emergencia en la península ocupada de Crimea, donde la venta ordinaria de carburantes fue suspendida por completo para priorizar los suministros de las mermadas tropas en el frente de batalla.

En las principales avenidas moscovitas, el desespero y la frustración colectiva se hacen evidentes entre los automovilistas y los trabajadores del sector transporte, quienes se ven obligados a pasar horas en los surtidores con la incertidumbre de si encontrarán gasolina disponible. Testimonios recabados por agencias internacionales revelan que es habitual recorrer múltiples estaciones de servicio consecutivas solo para encontrar los accesos cerrados o los tanques vacíos. La crisis logística ha comenzado a aislar a las periferias urbanas; en regiones fronterizas como Bryansk y Rostov del Don, se han documentado filas de hasta 700 vehículos.
Acorralado por la evidencia en el terreno y el temor a un estallido de descontento social, el propio Vladimir Putin admitió públicamente la gravedad de la escasez durante una reunión de emergencia celebrada con su gabinete económico el pasado fin de semana. Para intentar mitigar el impacto, el Kremlin ordenó la creación de un comité de crisis y evalúa imponer una prohibición total a las exportaciones de diésel, una medida desesperada que contradice los anuncios previos de su propio equipo económico y que debilita aún más los ingresos fiscales de la nación.

A pesar de que el monopolio estatal de hidrocarburos mantiene congelados artificialmente los precios en la Asociación de Combustible de Moscú para evitar revueltas civiles, la medida de control de precios resulta inútil ante la falta física del insumo. La censura oficial tampoco ha podido frenar que la crisis se vuelva viral en las plataformas digitales, donde el descontento se ha traducido en videos de ciudadanos celebrando eufóricos al hallar combustible de forma fortuita.
La vulnerabilidad del régimen se profundizó significativamente durante la madrugada de este martes, cuando una nueva oleada de 419 drones ucranianos burló los anillos de seguridad de la capital e impactó en centros estratégicos de la región de Belgorod y la periferia de Moscú. Este último ataque, que dejó un saldo de dos víctimas mortales, apuntó de manera directa contra una planta de fabricación de drones y un centro de comunicaciones satelitales en la ciudad de Dubna.
(Con información de Europa Press e Infobae)