La proliferación masiva y el arribo continuo de sargazo a las costas orientales de la República Dominicana ha encendido las alarmas entre los operadores turísticos, cadenas hoteleras y comerciantes de la zona de Punta Cana. Los trabajadores del sector y los visitantes internacionales coinciden en que la acumulación de esta macroalga marrón no solo empaña la experiencia paisajística de los balnearios, sino que representa una seria amenaza para la estabilidad de la economía local y la preservación de los ecosistemas marinos.
Los datos más recientes publicados por el Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida confirman que, entre enero y el 30 de junio de este año, se acumularon 9 millones de toneladas métricas de sargazo en el corredor marítimo que conecta a la República Dominicana con Puerto Rico. La cifra supera con creces las 8.3 millones de toneladas registradas en el mismo periodo del año pasado y expone una tendencia alarmante frente a las 1.2 millones de toneladas reportadas en 2024.

En balnearios de alta densidad de visitantes como Playa Bávaro, las consecuencias operativas y estéticas del fenómeno son sumamente notorias para el turismo internacional. Los viajeros que arriban al territorio caribeño expresan su frustración debido a que la densa alfombra vegetal limita los baños en el mar y altera las franjas de agua cristalina, tiñéndolas de un tono marrón oscuro. Ante la falta de sistemas de alerta temprana o información previa por parte de las agencias de viajes, los turistas se topan con una realidad que dista de los catálogos promocionales tradicionales, lo que reduce los tiempos de permanencia en la arena y disminuye el consumo en las áreas de playa.
Actualmente, el mantenimiento de las playas recae sobre las corporaciones hoteleras y los condominios residenciales frente al mar, los cuales deben subcontratar maquinaria pesada, tractores con trituradoras y cuadrillas de limpieza manual para retirar la maleza diariamente. Propietarios de complejos residenciales en áreas exclusivas informaron que las juntas de vecinos deben desembolsar sumas que promedian los 1.400 dólares diarios para recolectar el alga, un costo operativo extraordinario que resta competitividad al destino.
Por el contrario, en los tramos de playas públicas donde el Estado no dispone de recolección mecanizada regular, el sargazo permanece estancado por semanas, descomponiéndose bajo el sol y liberando gases que ahuyentan a los bañistas. Promotores de excursiones marítimas y capitanes de embarcaciones locales en la zona de Jellyfish y Playa Esmeralda explicaron que el volumen de la biomasa supera por completo sus capacidades artesanales, viéndose obligados a enterrar los residuos en la misma arena ante la falta de camiones de volteo municipales para su traslado hacia vertederos autorizados.

La frecuencia del fenómeno ha mutado de ser un evento estacional de un mes a un problema crónico y consecutivo que afecta al turismo, una actividad que representa el 19% del Producto Interno Bruto (PIB) dominicano. A pesar del adverso panorama que ensombrece el tradicional modelo de sol y playa, la comunidad científica y los inversionistas de la economía circular vislumbran una oportunidad industrial a mediano plazo en el aprovechamiento de la macroalga.
Diversos proyectos piloto en la región apuntan a que el sargazo recolectado en alta mar puede ser procesado eficazmente para la elaboración de fertilizantes orgánicos de alta calidad, la generación de biomasa energética y la extracción de polímeros para uso manufacturero. Mientras se consolidan estas alternativas industriales, los sectores productivos de Punta Cana urgen la implementación de barreras flotantes oceánicas y una mejor coordinación logística para proteger la marca país.
(Con información de EFE, ABC y N Digital)