El telescopio James Webb mapeó el clima de Trappist-1b y 1c, exoplanetas situados a 40 años luz. El estudio internacional determinó que ambos mundos carecen de atmósfera debido a la radiación de su estrella. Los investigadores emplearon tecnología infrarroja para captar variaciones térmicas inéditas en planetas rocosos similares a la Tierra.
Ambos planetas presentan rotación sincronizada, mostrando siempre la misma cara hacia su astro central. Las mediciones indican que en el lado diurno de Trappist-1b el calor alcanza los 200 °C, mientras el nocturno cae a 200 grados bajo cero. Este contraste radical confirma que no existe una capa gaseosa capaz de redistribuir la energía.

El sistema Trappist-1 funciona como un laboratorio natural para estudiar la habitabilidad en estrellas enanas rojas. Trappist-1c muestra un lado diurno de 100 °C, con un enfriamiento igualmente extremo en su cara opuesta. Los científicos concluyeron que la superficie de estos mundos es oscura y rocosa, parecida a la de Mercurio.
La supervivencia de atmósferas en planetas cercanos a enanas rojas es una de las grandes incógnitas de la astrofísica. La actividad estelar, con ráfagas de partículas, erosiona las capas gaseosas de los mundos interiores con el tiempo. El hallazgo sugiere que estos planetas perdieron su aire primigenio hace millones de años.
La metodología consistió en analizar curvas de luz infrarroja cuando los planetas pasaban detrás de su estrella. Este proceso permitió aislar la radiación térmica emitida por la superficie, identificando diferencias de temperatura muy precisas. El Webb es el único instrumento capaz de detectar estas señales minúsculas en cuerpos tan distantes.

Pese a los resultados actuales, la búsqueda de vida continúa en los planetas más alejados de la estrella. Los expertos señalan que Trappist-1e se encuentra en la zona habitable, donde la menor radiación permitiría conservar una atmósfera. Tres planetas del sistema orbitan en la región donde el agua líquida es posible.
Trappist-1c podría poseer una atmósfera extremadamente tenue rica en oxígeno, aunque la hipótesis de superficie desnuda es la más probable. En la Tierra, la atmósfera suaviza los cambios climáticos, pero en estos mundos la energía se irradia al espacio instantáneamente. La falta de este colchón térmico impide procesos biológicos conocidos.
Este avance representa un hito en la exploración de mundos lejanos mediante tecnología infrarroja de alta resolución. La capacidad para trazar mapas térmicos a 40 años luz abre la puerta a estudiar la evolución de otros sistemas. Los astrónomos planean nuevas observaciones para hallar condiciones más benignas en los planetas exteriores.