El Gobierno de Estados Unidos incrementó drásticamente su despliegue de asistencia militar y humanitaria en Venezuela para responder al desastre provocado por el devastador doble sismo del 24 de junio. La administración norteamericana oficializó una partida presupuestaria que alcanza los 150 millones de dólares en asistencia técnica directa y recursos de emergencia de manera inmediata. Esta inyección de capital por parte de Washington llega en un momento sumamente crítico, mientras el balance oficial de víctimas mortales comunicado por el poder legislativo venezolano ya escaló de forma trágica a 1.450 fallecidos.

La ampliación de los recursos estadounidenses se canaliza a través de un masivo operativo internacional coordinado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en las zonas más golpeadas. Más de 2.000 rescatistas procedentes de 27 naciones se encuentran desplegados sobre el terreno intentando localizar sobrevivientes entre toneladas de escombros de hormigón. El destructivo evento sísmico superficial consecutivo registró magnitudes de 7,2 y 7,5, dejando su mayor foco de destrucción material e infraestructural en localidades críticas del litoral central como La Guaira.
El influyente Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM) intensificó sus operaciones en el terreno bajo un esquema logístico autosuficiente, garantizando no restar insumos al colapsado sistema local. Efectivos de la Infantería de Marina norteamericana operan de forma directa en las calles removiendo estructuras pesadas con el soporte de aeronaves avanzadas de despegue vertical V-22 Osprey. Asimismo, barcos de la Marina estadounidense tomaron posiciones estratégicas en el Caribe para agilizar las evacuaciones sanitarias de urgencia hacia los hospitales de campaña.
Una de las intervenciones técnicas más determinantes financiadas por este aumento de ayuda fue la inmediata reparación de la pista principal del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar. Esta obra clave, ejecutada por ingenieros militares en tiempo récord, permitió normalizar el flujo de los cargamentos médicos y agilizar la salida de heridos graves. La evaluación inicial de la ONU estima que las pérdidas materiales totales ascienden a 6.700 millones de dólares, una cifra equivalente a un aproximado del 6% del producto interno bruto del país sudamericano.

En el ámbito social, las alarmas se encendieron drásticamente luego de que agencias internacionales como UNICEF advirtieran que cerca de 1,8 millones de personas damnificadas requieren auxilio inmediato. La gravedad de la situación humanitaria se profundiza debido al reporte extraoficial de más de 51.000 personas no localizadas en los sectores residenciales destruidos. Ante esta alarmante realidad, la renovada asistencia estadounidense se enfoca de manera prioritaria en el financiamiento de operaciones quirúrgicas móviles y el suministro masivo de agua potable.
La magnitud de la catástrofe forzó un inédito canal de comunicación técnica y bilateral entre los altos mandos de la Casa Blanca y la cúpula militar del gobierno de Venezuela. A pesar de que el oficialismo mantiene desplegados a 14.000 efectivos policiales, la evidente precariedad de su infraestructura obligó a aceptar de inmediato el aumento del soporte norteamericano. Este flujo constante de recursos técnicos de Occidente resulta vital para contener la crisis interna y evitar una incontrolable ola de refugiados hacia los países vecinos.
(Con información de Infobae)