El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, anunció el despliegue inmediato de equipos de búsqueda y rescate, recursos médicos y asistencia humanitaria hacia Venezuela para hacer frente a la peor catástrofe sísmica del país en un siglo. La medida, ordenada directamente por el presidente Donald Trump, se implementó de urgencia tras registrarse dos masivos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 en la costa norte.
La diplomacia estadounidense activó de inmediato sus canales de asistencia exterior para movilizar cargamentos de contingencia de forma coordinada con el gobierno provisional venezolano, consolidando el respaldo total de Washington ante la emergencia humanitaria.

El jefe de la diplomacia norteamericana se comunicó de forma directa con Delcy Rodríguez, para garantizarle la asistencia completa de las agencias federales en las labores de remoción de escombros y atención médica. A través de sus canales oficiales, el mandatario estadounidense Donald Trump manifestó sus profundas condolencias y ratificó que el país norteamericano está "listo, dispuesto y capaz de ayudar" a la nación caribeña.
Por su parte, el subsecretario de asistencia exterior, Jeremy Lewin, precisó que el Departamento de Estado activó una fuerza de tarea especializada y un equipo de asistencia en desastres para agilizar los aspectos logísticos del envío. Las operaciones de socorro se ejecutan bajo la supervisión del vicesubsecretario Christopher Landau, quien agilizó los puentes aéreos y los protocolos de seguridad necesarios para que los expertos en catástrofes e insumos sanitarios ingresen rápidamente a los puertos y aeropuertos habilitados.
El balance preliminar de la catástrofe, confirmado por el gobierno interino, asciende trágicamente a 164 muertos y 971 heridos, una cifra que amenaza con escalar drásticamente según las estimaciones de los organismos de monitoreo. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) reportó que los dos sismos principales ocurrieron con una diferencia de apenas 39 segundos con epicentro en la localidad de Montalbán.

Las autoridades venezolanas declararon al estado de La Guaira como zona de desastre, reportando el colapso absoluto de decenas de edificios residenciales y la destrucción total de la infraestructura básica en el litoral central.
La magnitud del doblete sísmico colapsó los servicios de telecomunicaciones y provocó masivos apagones eléctricos en Caracas, interrumpiendo la señal de telefonía e internet e imposibilitando la comunicación de millones de migrantes con sus familiares. El aeropuerto internacional Simón Bolívar quedó fuera de servicio debido a los severos daños estructurales en sus pistas y terminales, mientras que el transporte terrestre permanece semiparalizado por la caída de postes y escombros.
La masiva ayuda enviada por Washington representa un salvavidas crítico para una nación cuya infraestructura civil e institucional aún se recupera de los estragos económicos del régimen chavista. El USGS proyectó que el desastre natural podría generar un impacto contractivo del 7% en el PIB venezolano, requiriendo un masivo plan de reconstrucción internacional liderado por las potencias de Occidente.
(Con información de Infobae)