En una operación de alto impacto en la provincia amazónica de Sucumbíos, el gobierno de Daniel Noboa, respaldado por la capacidad estratégica de los Estados Unidos, ha ejecutado la Operación "Exterminio Total". El objetivo fue claro: un campamento de entrenamiento de los "Comandos de la Frontera", una facción de los remanentes criminales de las FARC que, desde la porosidad de la frontera con Colombia, pretendía instalar un bastión de caos, minería ilegal y narcotráfico en territorio ecuatoriano.
El enclave, liderado por el criminal alias "Mono Tole", funcionaba como un centro de adoctrinamiento para cerca de 50 delincuentes, convirtiéndose en una amenaza directa a la seguridad nacional. Gracias a un despliegue sin precedentes de aviones, helicópteros y drones, las fuerzas ecuatorianas lograron localizar y reducir esta infraestructura criminal. Esta es la primera vez que Washington confirma públicamente su participación operativa directa en territorio ecuatoriano.
Operativo de Estados Unidos junto a Ecuador contra el narcotráfico en la frontera con Colombia.
La retórica del Ministro de Defensa, Gian Carlo Loffredo, ha sido implacable: "Los vamos a encontrar hasta por debajo de las piedras". Mientras tanto, desde el Pentágono, Sean Parnell, portavoz del Departamento de Guerra, fue claro al señalar que esta acción es parte de un objetivo compartido para desmantelar las redes que han envenenado a la sociedad americana.
La complicidad de los carteles colombianos con bandas locales como "Los Lobos" ha sido el combustible de una crisis de violencia que Noboa se ha comprometido a sofocar. Al catalogar a estas disidencias como grupos terroristas, Ecuador ha dejado atrás las ambigüedades diplomáticas de gobiernos anteriores para abrazar una realidad necesaria: el narcoterrorismo no se dialoga, se combate y se destruye.
El desenlace de esta operación fortalece la posición de Ecuador como un aliado clave en el tablero geopolítico del hemisferio occidental. A medida que las fuerzas conjuntas continúan sus labores de rastrillaje y vigilancia, la presión sobre las estructuras de las disidencias de las FARC aumenta significativamente, obligando a estos grupos a replegarse ante una capacidad de respuesta militar que cuenta, por primera vez, con todo el peso de la inteligencia y el despliegue estadounidense.