Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han denunciado el hallazgo de una infraestructura subterránea construida por la organización terrorista Hezbollah directamente bajo una iglesia en la ciudad de Khiam, al sur del Líbano. Este descubrimiento, realizado por la Brigada Givati, confirma que el grupo proiraní ha aprovechado el periodo de "tregua" para reactivar túneles y almacenes de armamento, utilizando impunemente sitios religiosos como escudos humanos para proteger su capacidad ofensiva.
Esta táctica profana lugares de culto y pone en riesgo a la población civil bajo el amparo de la "medicina alternativa" o el "activismo religioso". Mientras el sanchismo en España se empeña en blanquear a estos actores regionales, la realidad en el terreno demuestra que el terrorismo islámico no respeta treguas ni lugares sagrados.
"Las tropas localizaron una ruta subterránea que había sido establecida en la zona de la iglesia, indicando la reactivación de la infraestructura en la zona tras el desalojo de 2024", explicaron fuentes militares de las FDI en el informe oficial de hoy.
La sofisticación del engaño es alarmante, ya que los tres nuevos pozos de túnel localizados habrían sido excavados durante el supuesto alto el fuego de 2024-2026. Esto demuestra que Hezbollah nunca tuvo intención de desescalar, sino de rearmarse en la sombra mientras la comunidad internacional pedía contención a Israel. El uso de templos cristianos para fines militares no es nuevo, pero la reincidencia en Khiam subraya el desprecio absoluto de los aliados de Teherán por cualquier norma de derecho internacional o respeto a la libertad de culto.

A esta provocación terrestre se suma el chantaje marítimo de la Guardia Revolucionaria iraní, que este viernes ha cerrado de facto el Estrecho de Ormuz para cualquier buque vinculado a las naciones aliadas de Estados Unidos e Israel. Según el régimen de los ayatolás, interceptaron tres buques portacontenedores, desafiando nuevamente a la administración Trump.
"Se prohíbe el movimiento de cualquier buque desde y hacia puertos pertenecientes a aliados de los enemigos sionistas-estadounidenses", declaró la Guardia Revolucionaria de Irán tras interceptar tres buques en el Estrecho de Ormuz.
La firma de inteligencia Kpler ha confirmado que, entre los buques forzados a dar la vuelta, se encuentran dos unidades de la empresa china COSCO. Este dato es crucial, pues evidencia que el fanatismo de Teherán ya no distingue entre socios comerciales y "enemigos", con tal de golpear la logística global. Los buques habían permanecido varados en el Golfo desde el inicio de las hostilidades del 28 de febrero.
Resulta vergonzoso que, ante este asedio a la libertad de navegación y el uso de iglesias para el terrorismo, algunos sectores de la política europea sigan reclamando "diálogo" con los agresores. La inestabilidad en el sur del Líbano y el Golfo Pérsico son dos caras de la misma moneda sobre el intento de Irán por establecer un dominio regional a través del terrorismo y el chantaje.